1.- No me quedaba más sangre en mi interior, mi piel era como una bolsa rota; ya ni siquiera podía respirar, pero aún estaba vivo. Y el dolor era inmenso.
2.- Aquel lejano otoño en que mi madre murió, estuvimos de acuerdo en que ella era demasiado hermosa como para ser reducida a simples cenizas; así que fuimos a buscar al mejor alquimista de la región para pedirle que la convierta en cristal. El alquimista la llamó su obra maestra. Quienes la han visto le han llamado el cristal más bello que jamás ha existido. Nosotros le llamamos simplemente: Mamá.
3.- Él estaba atrapado. No podía hacer nada. Nadie escucharía sus gritos. Sólo le quedaba la esperanza de que su prisión no pase a ser la locura.
4.- En el vacío sólo estoy yo. Soy quien llena aquel vacío. Lo convierto en algo pleno, y en él me vuelvo. Yo soy aquel vacío. Sin mí el vacío no existe porque el vacío sería nada.
5.- Ahí, donde no había nadie más, él cayó. Aquel dolor intenso de sus huesos rotos. Sintió que iba a morir. Así que abrazó el dolor como su mejor amigo. Era lo único que lo hacía sentir vivo.
6.- El suicidio: La manera de matar a todos los demonios internos y encontrar la paz al instante. Y sin embargo sigo aquí.
7.- En ese momento de silencio se vio en el espejo y se dijo: "¿Esto es todo? ¿Todo lo que construí fue sólo para llegar hasta aquí?" Se dio cuenta que nada de lo que vivió valió la pena... Decidió que era momento de darle un final tranquilo a todo. Lo había aplazado demasiado. Tomó su navaja y la acercó a su yugular... Entonces escuchó a alguien tocar la puerta.
8.- No encuentro mis ideas... ¡ESPEREN...! ¿Acaso esto es...? No. Es sólo mi pulgar. Si estás leyendo esto, pierdes tu tiempo. No tengo nada que decir.
9.- Nadando en soledad me puse a recordar aquel tiempo en que aún podía respirar...
10.- El último hombre en la tierra era un escritor. Consideraba sus dotes como un regalo para la humanidad. Pero ya no quedaba nadie a quién regalarle sus letras. Se preguntaba si valía la pena seguir escribiendo.
11.- Me pregunté quién era esa persona que yo veía en el espejo. No era yo. Hace años que mi reflejo me ha abandonado ¿Adónde habrá ido? Se desencandenó de mi absurda y monótona vida. Tuvo el valor que yo nunca tuve para hacerlo.
12.- Después de horas de dar vueltas alrededor de su cabeza, se dio cuenta que su cuerpo estaba frente a él.
13.- Yo una vez fui un fantasma hecho de dolor y alimentado por éste. Jugaba con el dolor de los que más quería para atenuar el mío. Bajo mi máscara de alegría se encontraba lo peor de mi propio ser...
14.- Él estaba perdido. No encontraba ni su cabeza ni sus pies. No sentía nada. Esa ola lo había revolcado. Muchas vueltas bajo el agua. Flota sin saber dónde está. Entonces él está en la orilla, sin atreverse a meter los pies al mar.
16.- En aquél lugar tan lejano de todo, ambos se separaron. Se perdieron. Cuando se está en un lugar tan desolado, el cerebro comienza a crear imágenes falsas para hacer al portador sentir que aún está con vida. Así que cuando por fin se encontraron, ambos lo tomaron como una alucinación. Se vieron de frente y se volvieron a separar, cada uno por su camino, como si nunca hubieran visto nada.
17.- Su razón para vivir desapareció aquel día. Mientras el mundo seguía su curso, su cuerpo se fue desvaneciendo hasta volverse nada.
18.- Estoy mejor aquí, atrapado en el humo del incendio ¿Por qué querré salir? El calor abrazador de las llamas y el sentir la mirada de la muerte cuidándome de cerca es reconfortante. Me da seguridad.
19.- Por unos días logró ser feliz. Pero dentro de sus sueños se desencadenó una pesadilla que duró hasta el fin de sus días. Sus sueños más maravillosos fueron quienes lo apuñalaron por la espalda. Y él no podía hacer nada. Cuando dejó de dormir todo perdió su valor.
20.- La luna es un buen lugar para vivir. Ahí uno se la puede pasar viendo cualquier cosa que suceda en la tierra y nadie sabe de ti. Pero en la tierra te fuerzan a regresar...
Soy un soñador que pocas veces recuerda lo que sueña. Busco mis sueños entre las tinieblas, entre el humo de un incendio forestal, donde el peligro de asfixiarme y morir en llamas no me permite adentrarme. Así nace este blog de cuentos, en un intento desesperado por encontrarme a través de las letras.
miércoles, 28 de mayo de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
Fuimos... En un funeral.
Estuvimos juntos. Nos encontramos a nosotros mismos, cada uno en el otro. Yo te vi. Para ti yo parecía invisible. Te negabas hacia mí, pero tú sabías lo que sentías. Yo sufrí mientras tú en tu paciencia te burlabas. Hasta que un día decidiste venir a mí y amarme. Ser aquello que completa mi vida... Ya hacía mucho tiempo de aquello. Hay demasiado que vale la pena mencionar, pero no hay necesidad de hacerlo. Sólo diré lo que ahora sé: Tú y yo fuimos. Ingenuamente yo siempre pensé que seremos para siempre. Pero ya que lo veo me doy cuenta que tú y yo simplemente fuimos. Pudimos seguir siendo. Pero tarde o temprano, de una manera u otra llegaría el inevitable momento en que tengamos que decir "fuimos". A pesar de eso ahora estoy contigo de nuevo como siempre lo he estado. Te miro y sólo esto me basta para saber que hice bien en la vida. Tú no me miras; te resistes a hacerlo. Pero aún así haces lo posible por aferrarte a la imposible idea de que seguimos siendo. Te amo y siempre lo he hecho. Me amas y siempre lo has hecho. Pero ya no somos. No seremos nunca más. Yo ya lo acepté. Te toca aceptarlo. Nada de lo que hagas podrá cambiarlo. Y a pesar de que estaría enormemente feliz si lo lograras, sé que es imposible. Espero que me dirijas la mirada por última vez, ya que dentro de poco no nos volveremos a ver. Me despido ahora de ti que me diste algo a lo que aferrarme cuando no tenía esperanza y que me diste amor cuando pensé que nada existía. Las cicatrices en tu interior sanaran. Tus lágrimas dejarán de caer por mí. Tu sonrisa volverá a iluminar el mundo. Tu amor volverá, pero ahora dirigido a alguien que no soy yo. El saber que eso pasará me quita las penas por dejarte; incluso sabiendo que yo ya no puedo amar a nadie más. Ya no puedes contenerte y tu rostro voltea a ver el mío. Te veo desde mi ataud en tu traje negro, viéndome a la cara; abrazándome y llorando sobre mi pecho mientras dices mi nombre y me ruegas que no me vaya. Es una hermosa última imagen esta que presencio por última vez antes de partir a las tinieblas, de donde ya no hay regreso.
El espectro en la fiesta
Son las once treinta y nueve de la noche. Está a punto de ocurrir el llamado día siguiente.
Entre sonidos simples e incómodos me encuentro. Me aparto de los rostros conocidos. Busco un rato para mí mismo.
No me siento cómodo. Estoy intranquilo. Pero tampoco me quiero ir. Estoy feliz aquí en cierta forma. Sólo necesito tranquilizarme y ya luego decidir qué hacer.
Las luces verdes y azules me relajan. Los perros negros se me acercan. Los latidos de mi corazón van a un ritmo mucho más lento que el de la tormentosa música electrónica.
Un sabor picoso en mi boca. Una respiración solitaria.
Vestido de verde, pero de corazón amarillo. Amarillo si excarvas a través de la burbuja negra que estoy creando.
Me siento tranquilo.
Me alegra estar aquí en cierta forma.
Quiero disfrutar unos momentos más conmigo mismo antes de ir de vuelta al caos.
¿Quién soy?
Entre todas estas caras desconocidas yo soy el único extraño.
El ruido, la fiesta, la gente. Me hace sentir como un perro en una tormenta eléctrica.
Me siento confundido. Perdido.
Estoy apartado de mí mismo. Apartado de ti.
Un alien. Un extranjero. Un ser de otro lado. Un fenómeno.
Volver con ellos. Pensaré en esa opción.
Por ahora estoy a gusto.
Un día de estos todo acabará.
Extrañaré la horrible música electrónica. Extrañaré ser un extraño. Extrañaré la confusión y la intranquilidad que ahora me atormenta.
Estaré en la oscuridad extrañando todo aquello que ahora me asusta.
Extrañando lo que no pasó y lo que no existió.
Todas esas posibilidades que pertenecen a mis fantasías. O incluso a otras realidades.
Ahora mismo estoy aquí y ahora. Pensando en el futuro de mi pasado y en el pasado de mi futuro.
¿Qué me queda?
¿Qué me mueve...?
domingo, 4 de mayo de 2014
Lluvia de estrellas negras.
Aquel día no le quedó otro remedio más que seguir caminando. Atrás sólo había un desierto. Dunas enormes que reflejaban el calor del sol. La muerte también se encontraba ahí atrás... Literalmente.
Pero a pesar de haber estado frente a ella tantas veces, no era una opción acercarse esta vez.
Él había sido amigo de la muerte desde pequeño. Le gustaba mucho jugar ajedrez con ella. Y después de mucho tiempo, él había conseguido ganarse su simpatía.
Pero a pesar de haber estado frente a ella tantas veces, no era una opción acercarse esta vez.
Él había sido amigo de la muerte desde pequeño. Le gustaba mucho jugar ajedrez con ella. Y después de mucho tiempo, él había conseguido ganarse su simpatía.
Pocos son los amigos que tiene la muerte. No le gustaba ser vista. La mayor parte de los vivos le repugnan por su cobardía; y por lo mismo a los vivos les repugna ella también. Ella tiene muchos súbditos que le ayudan a llevarse a todos aquellos que ella no desea ver (que sería la mayor parte de la gente). Sólo hace el trabajo con aquellos pocos que desea hacerlo. No le gustan los suicidas ni tampoco la gente que no quiere ser llevada. Si hay algo que detesta es que le pidan; ya sean prórrogas o adelantos por eso son pocos los que la llegan a ver en persona. Es trabajo de sus lacayos llevarse a esos llorones.
Él se encontró con la muerte por primera vez cuando esta se llevó a sus padres. En aquel entonces era sólo un niño que había vivido nueve inviernos. Normalmente un niño de aquella edad habría tardado en comprender qué estaba pasando cuando la muerte tomó la mano de su mamá y de su papá. Pero él no era un niño con una educación ordinaria; así que no sólo supo lo que estaba ocurriendo, sino que comprendió por qué la muerte se los estaba llevando.
Desde que tenía memoria, sus padres le hablaban a su hijo de la muerte; y cómo cuando nos llega el momento no podemos hacer nada más que pedirle a esta que nos trate bien; ya que no nos dará segundas oportunidades.
Él se encontró con la muerte por primera vez cuando esta se llevó a sus padres. En aquel entonces era sólo un niño que había vivido nueve inviernos. Normalmente un niño de aquella edad habría tardado en comprender qué estaba pasando cuando la muerte tomó la mano de su mamá y de su papá. Pero él no era un niño con una educación ordinaria; así que no sólo supo lo que estaba ocurriendo, sino que comprendió por qué la muerte se los estaba llevando.
Desde que tenía memoria, sus padres le hablaban a su hijo de la muerte; y cómo cuando nos llega el momento no podemos hacer nada más que pedirle a esta que nos trate bien; ya que no nos dará segundas oportunidades.
Resulta extraño que una pareja le hable a su pequeño sobre la muerte; pero es natural cuando película favorita de ambos era El séptimo sello de Ingmar Bergman. De hecho esa película fue la culpable de su unión a partir de una función especial de tributo a aquel director, donde se encontraron y se sentaron juntos.
Así que para cuando la muerte llegó a llevárselos, él ya había visto esa película incontables veces. Y a pesar de sentirse confundido en primer momento, él no tardó en reconocer a la muerte. Bergman la había retratado de una manera bastante acertada. Sin embargo había cometido un grave error: la muerte tenía una fisonomía femenina.
Así que para cuando la muerte llegó a llevárselos, él ya había visto esa película incontables veces. Y a pesar de sentirse confundido en primer momento, él no tardó en reconocer a la muerte. Bergman la había retratado de una manera bastante acertada. Sin embargo había cometido un grave error: la muerte tenía una fisonomía femenina.
"Una hermosa mujer" (si es que se puede llamar así a un ser asexual) de rostro completamente blanco e inexpresivo. Al niño le recordó a la silueta de la luna cuando se encuentra detrás de una nube. Vestida con una capa negra, y con movimientos extremadamente serenos.
Aquella noche él estaba en el asiento trasero del auto. Sus padres en el delantero. Un fuerte destello y aquel trailer acabó con la vida de sus padres en un instante, pero milagrosamente el niño no había recibido más que algunos rasguños.
Cuando vio a la muerte creyó que estaba soñando. La vio tomar de la mano a sus padres. Vio sus almas ser exhumadas de su cadáver como dos serpientes dejando a la vez sus viejas pieles. Sus padres voltearon a verlo e hicieron un ademán de despedida a su hijo. Él les devolvió la despedida moviendo lentamente la mano. Inmediatamente después de que estos dos se desvanecieron en el aire, el niño le pidió a la muerte que espere. La muerte lo volteó a ver con cara de irritación. No le gustaba que la interrumpieran en su trabajo. Ella tiene la costumbre de ignorar a quien le hablara. Pero no es normal que un niño le dirija la palabra y aquello despertó su curiosidad. Esperaba que le pidiera que no se los llevara; y si hiciese eso, la irritaría y se llevaría al niño también. Sin embargo lo que le dijo el niño la tomó por sorpresa: Él le pidió simplemente que cuide bien de sus padres. Y la invitó a jugar ajedrez con él cuando quisiera.
Aquella noche él estaba en el asiento trasero del auto. Sus padres en el delantero. Un fuerte destello y aquel trailer acabó con la vida de sus padres en un instante, pero milagrosamente el niño no había recibido más que algunos rasguños.
Cuando vio a la muerte creyó que estaba soñando. La vio tomar de la mano a sus padres. Vio sus almas ser exhumadas de su cadáver como dos serpientes dejando a la vez sus viejas pieles. Sus padres voltearon a verlo e hicieron un ademán de despedida a su hijo. Él les devolvió la despedida moviendo lentamente la mano. Inmediatamente después de que estos dos se desvanecieron en el aire, el niño le pidió a la muerte que espere. La muerte lo volteó a ver con cara de irritación. No le gustaba que la interrumpieran en su trabajo. Ella tiene la costumbre de ignorar a quien le hablara. Pero no es normal que un niño le dirija la palabra y aquello despertó su curiosidad. Esperaba que le pidiera que no se los llevara; y si hiciese eso, la irritaría y se llevaría al niño también. Sin embargo lo que le dijo el niño la tomó por sorpresa: Él le pidió simplemente que cuide bien de sus padres. Y la invitó a jugar ajedrez con él cuando quisiera.
Sin decir nada, la muerte le dirigió una sonrisa antes de desaparecer.
El niño, huérfano, se fue a vivir con su tía. Resultaba impresionante que fuera la hermana de su padre. Era inflexible y no le gustaba ni el cine ni la filosofía. Hablar de la muerte era tabú con ella. Y no soportaba aquella actitud tan introvertida y racional de su sobrino. Sin embargo ella lo quería mucho, y por eso lo aceptó en su casa.
A los quince días de aquel incidente, la muerte llegó con un hermoso tablero de ajedrez. Le ofreció al niño las blancas como compensación de haberse llevado a sus padres, acomodaron el tablero y comenzaron a jugar. Ella no ocultó su asombro al ver que el niño demostró ser muy bueno para su edad. Sin embargo la muerte llevaba desde tiempos antiguos venciendo a reyes y a sabios que apostaban su alma en este juego. No entendía el sentido de aquellas apuestas, las veía como un pierde/pierde. La vida estaba llena de dolor; y mientras más vivieran más sufrirían. Tendrían tiempo para ver a sus amigos y familiares perecer, claro, se mantendrían vivos; vivos y sin nadie para amar. Y en caso de que perdieran, el tiempo extra que les habría dado para vivir, sería utilizado para ser sirvientes de la muerte.
Ella rara vez perdía las partidas, incluso con grandes jugadores había veces que ella ganaba. Así que, como es de esperarse, el niño no pudo hacer nada al lado de los talentos de la muerte.
Al ver en el tablero aquella posición de jaque mate, el niño, con una sonrisa la volteó a ver. "Buen juego" le dijo. Y le ofreció un apretón de manos. La muerte le advirtió que tocar su mano le provocaría un fuerte dolor. Pero el niño tenía un fuerte sentido del honor. Y ni siquiera el tacto de la muerte lo haría resignarse de cerrar esa partida como caballeros.
A los quince días de aquel incidente, la muerte llegó con un hermoso tablero de ajedrez. Le ofreció al niño las blancas como compensación de haberse llevado a sus padres, acomodaron el tablero y comenzaron a jugar. Ella no ocultó su asombro al ver que el niño demostró ser muy bueno para su edad. Sin embargo la muerte llevaba desde tiempos antiguos venciendo a reyes y a sabios que apostaban su alma en este juego. No entendía el sentido de aquellas apuestas, las veía como un pierde/pierde. La vida estaba llena de dolor; y mientras más vivieran más sufrirían. Tendrían tiempo para ver a sus amigos y familiares perecer, claro, se mantendrían vivos; vivos y sin nadie para amar. Y en caso de que perdieran, el tiempo extra que les habría dado para vivir, sería utilizado para ser sirvientes de la muerte.
Ella rara vez perdía las partidas, incluso con grandes jugadores había veces que ella ganaba. Así que, como es de esperarse, el niño no pudo hacer nada al lado de los talentos de la muerte.
Al ver en el tablero aquella posición de jaque mate, el niño, con una sonrisa la volteó a ver. "Buen juego" le dijo. Y le ofreció un apretón de manos. La muerte le advirtió que tocar su mano le provocaría un fuerte dolor. Pero el niño tenía un fuerte sentido del honor. Y ni siquiera el tacto de la muerte lo haría resignarse de cerrar esa partida como caballeros.
La muerte no mentía. El dolor que le infringió al niño era tan fuerte que este ni siquiera pudo gritar. Se tiró en el suelo en silencio y a los pocos segundos aquel dolor lo hizo perder la conciencia. Al despertar vio su palma. Había una marca negra de piel quemada en forma de mano.
Cabe mencionar que su tía le reprochó fuertemente aquella quemadura tan peculiar. Creyó que se hizo aquella marca él mismo para con dolor físico aminorar el dolor de la muerte de sus padres. Lo llevó con un psiquiatra que, después de algunos días de observación lo declaró sano al ver que no mostraba ningún tipo de signo de enfermedad mental; y después lo llevó con un psicólogo.
Cabe mencionar que su tía le reprochó fuertemente aquella quemadura tan peculiar. Creyó que se hizo aquella marca él mismo para con dolor físico aminorar el dolor de la muerte de sus padres. Lo llevó con un psiquiatra que, después de algunos días de observación lo declaró sano al ver que no mostraba ningún tipo de signo de enfermedad mental; y después lo llevó con un psicólogo.
Era un hombre que, aunque inteligente, no poseía mucha imaginación. Nunca pudo entender que el niño estuviera tan tranquilo tras haber quedado huérfano. Estaba convencido que en esa quemadura descargó todo el dolor de aquella pérdida. Pasado un tiempo el niño se animó a contarle lo que pasó con la muerte. El psicólogo dedujo que aquello no fue más que un escape para que el niño se convenciera a sí mismo de que sus padres se encuentran bien en el más allá.
Resultó una hipótesis inteligente; sin embargo poco creativa. Decidió que el niño estaría bien. Y que aquella "mentira" le ayudaría a seguir adelante. Le pidió a su tía que lo deje más tiempo con él para ver si no desarrollaba algún otro tipo de alucinación. Con el tiempo el niño le contó varias veces cómo tenía partidas de ajedrez cada vez más constantes con la muerte. Le dijo que sólo el primer apretón de manos lo lastimó. Que la muerte sólo lastima al primer contacto. Y le contó cómo la muerte lentamente desarrolló una simpatía con él y cómo cada vez platicaba más. Después de un año de consultas, a pesar de que resultaba preocupante que siguiera teniendo aquellos "encuentros casuales" con la muerte; no mostró ningún otra señal de tener algo mal. El psicólogo dedujo que simplemente confundía los sueños con la realidad; y lo dejó ir, advirtiéndole que no cuente a nadie más esas historias con la muerte porque lo creerían loco. Y eso fue lo que hizo.
Durante años el niño perdió con la muerte. No fue hasta poco después de haber cumplido los quince que el, ahora, muchacho logró ganarle una partida: Un gambito en el que tentó a la muerte a comerse a su reina. Y ocho jugadas después aquel error la dejó en Jaque Mate.
Fue la segunda vez que la muerte le dirigió una sonrisa desde aquel lejano día en que se conocieron y él la invitó a jugar; y también fue la segunda vez que él sintió dolor por el apretón de manos. Esta vez su tacto fue frío. Un frío absoluto que le endureció la piel en un instante. Aquella zona de su mano se volvió dura como hielo. Él se extrañó, ya que al principio aquello solamente le dio un fuerte entumecimiento en todo el brazo. No fue aquel dolor infernal que se esperaba; pero conforme la sangre calentó aquella zona, sintió un hinchazón intenso como nunca había sentido. Para entonces los extremos de su mano se habían engangrenado por la falta de circulación. En menos de un día todas las uñas se le desprendieron, pero tuvo suerte de no perder ni un dedo.
Siguieron jugando durante otros ocho años; y cada vez los juegos resultaban más parejos. Sin embargo nunca empataron.
A los veintitrés años él quedó varado en el desierto. ¿Cómo llegó ahí un estudiante de filosofía que sólo salía de la ciudad cuando iba a subir una montaña? La cosa es esta. Por más tranquilo que uno sea, uno se puede encontrar en el lugar equivocado al momento equivocado, vestido de camiseta de cuadros azules, pantalones deportivos y una mochila negra en la espalda. Vestido de la misma forma que el hombre que "debía" ser secuestrado.
Cuando se dieron cuenta que él no era el sujeto a quien buscaban le ofrecieron una "oportunidad" para vivir. Lo dejaron en medio del desierto: A setenta kilómetros del poblado más cercano, sin comida ni agua.
Siguieron jugando durante otros ocho años; y cada vez los juegos resultaban más parejos. Sin embargo nunca empataron.
A los veintitrés años él quedó varado en el desierto. ¿Cómo llegó ahí un estudiante de filosofía que sólo salía de la ciudad cuando iba a subir una montaña? La cosa es esta. Por más tranquilo que uno sea, uno se puede encontrar en el lugar equivocado al momento equivocado, vestido de camiseta de cuadros azules, pantalones deportivos y una mochila negra en la espalda. Vestido de la misma forma que el hombre que "debía" ser secuestrado.
Cuando se dieron cuenta que él no era el sujeto a quien buscaban le ofrecieron una "oportunidad" para vivir. Lo dejaron en medio del desierto: A setenta kilómetros del poblado más cercano, sin comida ni agua.
La muerte, como buena amiga que era le hizo compañía todo el camino. No decía una sola palabra. Sólo caminaba detrás de él. Sin decir nada él comprendió que para la muerte esto era una especie de partida de ajedrez, donde si llegaba al punto en que no podía más y se rendía, él perdería; y si lograba sobrevivir en contra de las posibilidades, la muerte perdería.
La primera media hora no fue tan difícil. La arena estaba dura y el sol de la mañana aún estaba bajo. Pero mientras se alejaba del punto de partida, la arena se volvía más abundante, comenzaba a haber dunas. El calor se volvió abrasador y él tenía la boca seca; se estaba deshidratando.
A esas alturas cada paso requería un esfuerzo sobrehumano. Le dolía respirar y le habían salido ampollas en los pies.
Sin embargo, más allá de que su vida dependía de su poder de voluntad, estaba jugando contra la muerte. Y por ello no lo detendrían ni la sed, ni las quemaduras del sol, ni la arena blanda que lo hacía tropezar cada pocos pasos. Mientras su cuerpo se lo permita, él no se rendiría.
A esas alturas cada paso requería un esfuerzo sobrehumano. Le dolía respirar y le habían salido ampollas en los pies.
Sin embargo, más allá de que su vida dependía de su poder de voluntad, estaba jugando contra la muerte. Y por ello no lo detendrían ni la sed, ni las quemaduras del sol, ni la arena blanda que lo hacía tropezar cada pocos pasos. Mientras su cuerpo se lo permita, él no se rendiría.
Doce horas constantes caminando. No entendía cómo había soportado tanto, pero calculaba que ya no estaba lejos del poblado y el sol se estaba poniendo al oeste. La noche se acercaba y tan pronto se fuera el sol, continuar se volvería menos difícil.
Entonces sintió un viento que venía desde el oeste. Una brisa fuerte que parecía que el sol estaba arrastrando. Volteó hacia aquel lado y lo que se encontró no fue con la bella puesta de sol que esperaba ver, sino una enorme tormenta de arena que venía en camino a toda velocidad. En aquel momento comprendió que todo estaba perdido. Su voluntad lo habría mantenido de pie otros cuarenta kilómetros, pero una tormenta de arena puede terminar con la vida del hombre más fuerte. Volteó a ver a la muerte con una sonrisa, y roncamente alcanzó a murmurar las palabras: "parece que esta vez me volviste a ganar".
Entonces sintió un viento que venía desde el oeste. Una brisa fuerte que parecía que el sol estaba arrastrando. Volteó hacia aquel lado y lo que se encontró no fue con la bella puesta de sol que esperaba ver, sino una enorme tormenta de arena que venía en camino a toda velocidad. En aquel momento comprendió que todo estaba perdido. Su voluntad lo habría mantenido de pie otros cuarenta kilómetros, pero una tormenta de arena puede terminar con la vida del hombre más fuerte. Volteó a ver a la muerte con una sonrisa, y roncamente alcanzó a murmurar las palabras: "parece que esta vez me volviste a ganar".
Acto seguido se sentó en el suelo de frente a la tormenta, dio una respiración profunda, y sonrió con la mirada aceptando su destino.
La muerte se sentó a su lado y le dijo: "La tormenta de arena es trampa. El juego consistía en tu propia resistencia mental contra tu cuerpo. No perdiste. Esto son tablas."
Le quería contestar que sin embargo ella lo llevaría. Pero tenía la boca seca y no pudo pronunciar más palabras.
"De cualquier forma te tendría que llevar algún día. Eso no significa que habrías perdido. Simplemente seguirías el curso natural de este mundo. La tormenta de arena es un fenómeno natural y tú estás aquí sin poder hacer nada. Es tan natural morir aquí, como en una cama sesenta años después; ya que no puedes escapar de aquel destino. No tienes salvación. Sólo te queda esperar.
Lo tomó de la mano a manera de empate. Al ser un apretón distinto él esperó el dolor, sin embargo esta vez sintió una calidez en su mano fría. Se sintió tranquilo y listo para morir.
Lo tomó de la mano a manera de empate. Al ser un apretón distinto él esperó el dolor, sin embargo esta vez sintió una calidez en su mano fría. Se sintió tranquilo y listo para morir.
La puesta del sol, tiñó la tormenta de rojo. Y mientras esta se acercaba, el cielo amarillo se fue llenando de cada vez más estrellas rojas que no tardaron en volverse negras. Hasta que no quedó nada más que oscuridad.
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