domingo, 16 de noviembre de 2014

Veinte sueños cortos Vol. 2

1.- En el mar abierto es difícil sobrevivir cuando se explora solo. Cuando aparece un tiburón no queda donde esconderse, sólo queda esperar a que una presa más atractiva aparezca. Se sintió listo para morir y a pesar de esto haría todo lo que estuviera en sus manos para no perecer.
2.- El aire se convirtió en agua. Ésta a su vez se convirtió en espuma. Estaba girando en el vacío. La oscuridad me abrazó como su mejor amiga. Se convirtió en mi hogar. Donde viviría por siempre.
3.- Sus sueños le enseñaron lo que era la oscuridad. No hubo una noche tranquila para él.
4.- Estaba sumido en sí mismo. Huyendo del mundo. Él era demasiado peligroso para ser visto. Su ira se convirtió en un enjambre. Era lo único que veía. Lo único que escuchaba. Trató de espantar aquellas avispas que habitaban en su interior. Para cuando recuperó el conocimiento sus manos estaban cubiertas de sangre. Todos los demás estaban muertos. Debajo de él había una pila de cadáveres. En todos ellos vio su rostro.
5.- Pinté el aire con un gis gris. Le quité el color al mundo.
6.- Había una vez un brujo, se encontró al narrador de esta historia y lo maldijo.
7.- Compré orquídeas. Las puse al sol a que se sequen. Las llevé a tu lápida. Marchitas como tu cuerpo, tu alma las podrá recibir.
8.- Aquel día mi paladar perdió el gusto. Ahora el sabor es un simple sueño lejano. Todo aquello que probé no fue más que una ilusión.
9.- La melodía que compusieron las estrellas logró romper el encanto del insomnio. Ahora podrá volver a refugiarse en sus pesadillas.
10.- Durmió tan profundo que aquellos colores que ningún ser había visto antes cobraron vida. Estos se perderán en el ocaso de su memoria.
11.- "No moriré. Estoy seguro". Pensó mientras el filo de la guillotina caía sobre su cuello.
12.- Un día perdió su nombre. Libre de aquella prisión fonética pudo vivir miles de historias. Sin embargo, ninguna de ellas le perteneció.
13.- La línea de su vida apareció frente a él. Comprendió que el fin estaba cerca. Tomó los dos extremos y los juntó para crear un círculo. Su muerte sería su nacimiento.
14.- Vio su rostro en todo aquello que lo rodeaba. Deformado y en distintos tonos. No se equivocaba. No podía ser la cara de nadie más que la suya
15.- Su vida corría peligro. Si sus perseguidores lo atrapaban sería el fin. Se escondió en un sótano y cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad, se percató de la presencia de una cucaracha. Estaba en la esquina, detrás de una caja, inmóvil. La cucaracha al igual que él, se estaba escondiendo intentando salvar su vida. En aquel momento se dio cuenta que no era tan distinto a ella. Sintió empatía por aquel repugnante insecto. Se aseguró de aplastar a la cucaracha antes de salir.
16.- Mi diario me sujeta a este mundo. Me permite distinguir la realidad de los sueños. Incluso cuando aparecen entradas que nunca escribí.
17.- "Mi papá hace nubes de lluvia" fue lo que el niño siempre pensó al ver el humo gris que salía de la fábrica en la que su padre era explotado cada día fabricando armas.
18.- Cuando la dejó morir, la culpa lo asesinó; cuando dio su vida por salvarla, la culpa la asesinó a ella. Cuando los dos fallecieron, murieron felices.
19.- La verdad era una disyuntiva a su realidad. Comprendió que todo lo que le rodeaba era una mentira.
20.- Incluso en aquel nuevo mundo al que tanto le costó llegar, seguiría encontrando una ciudad parecida a aquella de la que había escapado.

viernes, 3 de octubre de 2014

Té rojo y un cajón

Despertó aquel hombre gigante dentro de su pequeño cajón de calcetines, dio un bostezó y salió de ahí. Ya afuera del cajón, sacó de entre sus dientes peludos un disfraz de perro chihuahua que iba a usar para ir al espacio.
Caminó a la orilla de su habitación, entró al baño, cerró la puerta y orinó en el escusado hecho de discos de vinilo rotos.
El hombre, se metió a la pequeña tina formada por pañales usados, abrió la llave de la ducha, se ahogó y murió.
Habiendo acabado de orinar, el hombre gigante entró a la habitación de al lado a regañar a su mejor amigo por haber dejado encendido el microondas toda la noche con una cuchara de plomo adentro. Caminó con paso firme al baño, atravesó la líquida puerta flotante de mercurio y encontró a su amigo muerto en la ducha.
Ya que el hombre gigante tenía mucha prisa, simplemente dio un suspiro, maldijo y puso el cadáver de su amigo en el escusado. Le jaló y dejó que este se fuera por el drenaje.
El hombre gigante tomó su reloj de péndulo portátil, lo metió a su bolsillo y salió de su casa con el disfraz de perro chihuahua puesto. Caminó al baldío que estaba al lado y empezó a excavar con sus garras artificiales de perro chihuahua. Excavó durante horas. Había excavado tanto que ya sólo veía oscuridad, y a pesar de ello no dejaba de excavar. Entonces da un último zarpazo a la tierra y sale un halo de luz roja, da unos cuantos zarpazos más, se sujeta de las orillas del hueco y sale. Por fin, llegó a Marte.
Se quitó el disfraz y caminó por la superficie hasta llegar a una formación de piedras que parecían una mesa y dos sillas. Se sentó en una de las piedras que parecían sillas y sacó su reloj de péndulo. Vio la hora y en aquel instante apareció su amigo vestido con una chaqueta de motociclista y traje de baño. Sacó dos tazas y una tetera de su chaqueta, las puso en la mesa y sirvió el té.
El hombre gigante le lanzó una mirada de aprobación a su amigo y ambos pasaron el resto del día tomando té en Marte.

martes, 26 de agosto de 2014

Reflexión del año nuevo

El día de ayer, estaba en Buenos Aires y los papeles caían del cielo. Llovían sin sentido alguno. De todos los edificios estos se desplazaban lentamente hacia el suelo por la fuerza de la gravedad, y caían en ondulaciones aleatorias por culpa del viento. No me di cuenta de lo especial que era la situación. Me sentía muy cansado de caminar todo el día bajo el ardiente sol de 38 grados como para poner atención en lo surreal del asunto.
Las calles estaban tapizadas de papeles ¡Y no se me ocurrió tomar ni una foto!
Mi madre creía que era cierta manera de festejar el fin de año viejo, pero en ese caso ¿Por qué lo hicieron el día 30 en vez del 31?
Eso me hizo pensar mucho en el año nuevo. Es una fecha interesante. Como un cumpleaños mundial, pero sin regalos porque ya los dieron todos en navidad.
(Nótese que estoy refiriéndome al año nuevo del calendario occidental, otras celebraciones son aún desconocidas para mí en la práctica).
Otro detalle interesante es el hecho de que sea vista como una fecha festiva; y como toda fecha festiva, el mundo se llena de hipócritas que hablan de cambiar algo que no cambiarán al final. Dicen que los gimnasios se llenan de gordos las primeras semanas, y para febrero no queda nadie de los nuevos.
Eso me lleva a pensar otra cosa más interesante del año nuevo; y ésta tiene que ver con la vida y la muerte: El "fin de año" es la línea del circuito donde empieza y termina. Es un ciclo. Y recuerda a la muerte y el nacimiento. Claro que podría ser cualquier otra fecha; ya que un círculo no tiene punto de partida ni punto de final. Marcamos un punto y ese lo usamos de referencia. Y aún así, siento que esta es la fecha equivocada para el año nuevo.
Nada cambia realmente de un día a otro en ésta fecha. No hay un evento astronómico interesante, como un solsticio o un climax lunar, o lo contrario. Y si la rotación de la tierra sobre el sol es como se mide el año ¿No debería ser el fin de año una fecha solar?
Incluso 8 días antes es el climax solar; esa fecha sería excelente para el año nuevo. Pero no lo es.
El fin de año es un día aleatorio donde nada pasa. Sólo tiramos un calendario y compramos uno nuevo.
Triste ¿No es así?
Que tanto que alardeamos que es el año nuevo y realmente no hay nada.
Claro que esto le da mucho más fuerza al hecho de que un círculo no tenga inicio ni fin; pero la verdad es que no estamos en un círculo; sino en un óvalo.
Aún así, en manera poética, se debería festejar el año nuevo al final del invierno; inicio de la primavera. Pero no. El final del año se festeja un día que no pasa nada y esa es la realidad.
Aunque una realidad que tiene más sentido es la raiz de aquella fecha; y es que el dios romano de dos caras: Jano era invocado el primer día de enero. Las dos caras se refieren al fin y al nuevo comienzo -es el dios de las transiciones, los umbrales y las puertas-. Y por eso se festeja al primer instante de enero. Sin embargo el porqué de que los romanos hayan escogido esta fecha para invocarlo sigue sin tener mucho sentido. 
(Quizás esté equivocado con este dato superficial y todo tenga sentido a la menor investigación. Sin embargo para escribir esta reflexión me apegaré a lo que en este momento conozco e investigaré más tarde.)
Por otro lado el fin de año, como ya dije, recuerda a la idea de la muerte: es un fin. Y según la teoría todos vamos a llegar a un fin.
Y por tanto, al recordar ese fin, miran al pasado del año y se dan cuenta de que no han hecho nada, y por tanto se plantean objetivos. Es deprimente.
Pero por otro lado eso mismo es lo que me gusta del año nuevo: la idea de volver a empezar. ¿Cuántas veces has querido volver al pasado y arreglar un error?
Como sea. Hasta donde sé es imposible y hay que seguir adelante.
Y a eso me refiero con lo que me gusta del año nuevo. Te recuerda que la vida continúa, que no estás en un callejón sin salida y que aún puedes recuperarte del hoyo en el que estés metido.
Festejamos tanto el final como el comienzo. Y todo ocurre en el mismo instante ¿Cuál será el umbral entre el año nuevo y el año viejo? ¿Existirá en realidad ese instante límbico?
Pero también me pregunto: Si lo que le da significado al año nuevo es la muerte y el renacimiento ¿Entonces estaremos festejando el fin de año o el inicio de año?
¿Serán ambos?
¿Por qué entonces no decimos feliz fin de año nunca? ¿Será que a nadie le agrada la idea de un fin?
Todas esas cosas me inquietan. Pero al final, yo sí considero esa fecha en especial como algo que vale la pena celebrar. Aunque sea de la manera equivocada... Quizás ni siquiera celebrar. Pero sirve para reflexionar. Reflexionar que seguimos vivos. Reflexionar que algún día todo terminará y que toca volver a comenzar. Seguir adelante. Avanzar hacia la muerte y mejorar el camino.
Incluso aquellos que no lo cumplen; el que una vez al año hagan esa reflexión representa una chispa del deseo de cambiar. Representa una esperanza de que aún hay tiempo que podemos utilizar para superarnos en el camino hacia la muerte.
¡Feliz fin de año, querido lector! Preparémonos para un nuevo comienzo y aprovechémoslo mientras la dama muerte esté del humor para permitírnoslo.

domingo, 17 de agosto de 2014

Oscuridad

Escribo para ti, persona inexistente.
Mis manos se mueven a través éste papiro que nunca verás.
Este regalo que es sólo tuyo, no lo recibirás.
Perdiste tus sentidos. No eres más que oscuridad flotando en la plena nada de tu interior.
Hermosa criatura divina. Tu ser dotado de belleza tenebrosa.
Oscuridad es lo que eres tú.
La luz que te rodea es sólo un eclipse.
Floreces en la penumbra.
El cielo estrellado de una noche de luna nueva.
Lúgubre.
Negra.
Un océano de tinta.
Te utilizo para escribir.
Mi luz oscura.
Sombra dentro de una iridisencia y no viceversa.
Intento comprender tus tinieblas.
He estado ahí. Donde puedo ver tan poco.
Me pierdo en ti.
Pero tú no lo sabes.
No conocerás aquello que yo escribí para ti.
¿Cuál es el punto? Dímelo, por favor.
¿Cuál es el punto de crear algo que nunca verás?
Oscuridad: ¡Háblame!
Dime quién soy yo.
No sé quién seas tú.
No te conozco.
Mis letras son para ti.
Y para cuando lleguen a ti, ya habrás dejado de existir.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Veinte sueños cortos Vol. 1

1.- No me quedaba más sangre en mi interior, mi piel era como una bolsa rota; ya ni siquiera podía respirar, pero aún estaba vivo. Y el dolor era inmenso.
2.- Aquel lejano otoño en que mi madre murió, estuvimos de acuerdo en que ella era demasiado hermosa como para ser reducida a simples cenizas; así que fuimos a buscar al mejor alquimista de la región para pedirle que la convierta en cristal. El alquimista la llamó su obra maestra. Quienes la han visto le han llamado el cristal más bello que jamás ha existido. Nosotros le llamamos simplemente: Mamá.
3.- Él estaba atrapado. No podía hacer nada. Nadie escucharía sus gritos. Sólo le quedaba la esperanza de que su prisión no pase a ser la locura.
4.- En el vacío sólo estoy yo. Soy quien llena aquel vacío. Lo convierto en algo pleno, y en él me vuelvo. Yo soy aquel vacío. Sin mí el vacío no existe porque el vacío sería nada.
5.- Ahí, donde no había nadie más, él cayó. Aquel dolor intenso de sus huesos rotos. Sintió que iba a morir. Así que abrazó el dolor como su mejor amigo. Era lo único que lo hacía sentir vivo.
6.- El suicidio: La manera de matar a todos los demonios internos y encontrar la paz al instante. Y sin embargo sigo aquí.
7.- En ese momento de silencio se vio en el espejo y se dijo: "¿Esto es todo? ¿Todo lo que construí fue sólo para llegar hasta aquí?" Se dio cuenta que nada de lo que vivió valió la pena... Decidió que era momento de darle un final tranquilo a todo. Lo había aplazado demasiado. Tomó su navaja y la acercó a su yugular... Entonces escuchó a alguien tocar la puerta.
8.- No encuentro mis ideas... ¡ESPEREN...! ¿Acaso esto es...? No. Es sólo mi pulgar. Si estás leyendo esto, pierdes tu tiempo. No tengo nada que decir.
9.- Nadando en soledad me puse a recordar aquel tiempo en que aún podía respirar...
10.- El último hombre en la tierra era un escritor. Consideraba sus dotes como un regalo para la humanidad. Pero ya no quedaba nadie a quién regalarle sus letras. Se preguntaba si valía la pena seguir escribiendo.
11.- Me pregunté quién era esa persona que yo veía en el espejo. No era yo. Hace años que mi reflejo me ha abandonado ¿Adónde habrá ido? Se desencandenó de mi absurda y monótona vida. Tuvo el valor que yo nunca tuve para hacerlo.
12.- Después de horas de dar vueltas alrededor de su cabeza, se dio cuenta que su cuerpo estaba frente a él.
13.- Yo una vez fui un fantasma hecho de dolor y alimentado por éste. Jugaba con el dolor de los que más quería para atenuar el mío. Bajo mi máscara de alegría se encontraba lo peor de mi propio ser...
14.- Él estaba perdido. No encontraba ni su cabeza ni sus pies. No sentía nada. Esa ola lo había revolcado. Muchas vueltas bajo el agua. Flota sin saber dónde está. Entonces él está en la orilla, sin atreverse a meter los pies al mar.
16.- En aquél lugar tan lejano de todo, ambos se separaron. Se perdieron. Cuando se está en un lugar tan desolado, el cerebro comienza a crear imágenes falsas para hacer al portador sentir que aún está con vida. Así que cuando por fin se encontraron, ambos lo tomaron como una alucinación. Se vieron de frente y se volvieron a separar, cada uno por su camino, como si nunca hubieran visto nada.
17.- Su razón para vivir desapareció aquel día. Mientras el mundo seguía su curso, su cuerpo se fue desvaneciendo hasta volverse nada.
18.- Estoy mejor aquí, atrapado en el humo del incendio ¿Por qué querré salir? El calor abrazador de las llamas y el sentir la mirada de la muerte cuidándome de cerca es reconfortante. Me da seguridad.
19.- Por unos días logró ser feliz. Pero dentro de sus sueños se desencadenó una pesadilla que duró hasta el fin de sus días. Sus sueños más maravillosos fueron quienes lo apuñalaron por la espalda. Y él no podía hacer nada. Cuando dejó de dormir todo perdió su valor.
20.- La luna es un buen lugar para vivir. Ahí uno se la puede pasar viendo cualquier cosa que suceda en la tierra y nadie sabe de ti. Pero en la tierra te fuerzan a regresar...

sábado, 10 de mayo de 2014

Fuimos... En un funeral.

Estuvimos juntos. Nos encontramos a nosotros mismos, cada uno en el otro. Yo te vi. Para ti yo parecía invisible. Te negabas hacia mí, pero tú sabías lo que sentías. Yo sufrí mientras tú en tu paciencia te burlabas. Hasta que un día decidiste venir a mí y amarme. Ser aquello que completa mi vida... Ya hacía mucho tiempo de aquello. Hay demasiado que vale la pena mencionar, pero no hay necesidad de hacerlo. Sólo diré lo que ahora sé: Tú y yo fuimos. Ingenuamente yo siempre pensé que seremos para siempre. Pero ya que lo veo me doy cuenta que tú y yo simplemente fuimos. Pudimos seguir siendo. Pero tarde o temprano, de una manera u otra llegaría el inevitable momento en que tengamos que decir "fuimos". A pesar de eso ahora estoy contigo de nuevo como siempre lo he estado. Te miro y sólo esto me basta para saber que hice bien en la vida. Tú no me miras; te resistes a hacerlo. Pero aún así haces lo posible por aferrarte a la imposible idea de que seguimos siendo. Te amo y siempre lo he hecho. Me amas y siempre lo has hecho. Pero ya no somos. No seremos nunca más. Yo ya lo acepté. Te toca aceptarlo. Nada de lo que hagas podrá cambiarlo. Y a pesar de que estaría enormemente feliz si lo lograras, sé que es imposible. Espero que me dirijas la mirada por última vez, ya que dentro de poco no nos volveremos a ver. Me despido ahora de ti que me diste algo a lo que aferrarme cuando no tenía esperanza y que me diste amor cuando pensé que nada existía. Las cicatrices en tu interior sanaran. Tus lágrimas dejarán de caer por mí. Tu sonrisa volverá a iluminar el mundo. Tu amor volverá, pero ahora dirigido a alguien que no soy yo. El saber que eso pasará me quita las penas por dejarte; incluso sabiendo que yo ya no puedo amar a nadie más. Ya no puedes contenerte y tu rostro voltea a ver el mío. Te veo desde mi ataud en tu traje negro, viéndome a la cara; abrazándome y llorando sobre mi pecho mientras dices mi nombre y me ruegas que no me vaya. Es una hermosa última imagen esta que presencio por última vez antes de partir a las tinieblas, de donde ya no hay regreso.

El espectro en la fiesta

Son las once treinta y nueve de la noche. Está a punto de ocurrir el llamado día siguiente.
Entre sonidos simples e incómodos me encuentro. Me aparto de los rostros conocidos. Busco un rato para mí mismo.
No me siento cómodo. Estoy intranquilo. Pero tampoco me quiero ir. Estoy feliz aquí en cierta forma. Sólo necesito tranquilizarme y ya luego decidir qué hacer.
Las luces verdes y azules me relajan. Los perros negros se me acercan. Los latidos de mi corazón van a un ritmo mucho más lento que el de la tormentosa música electrónica.
Un sabor picoso en mi boca. Una respiración solitaria.
Vestido de verde, pero de corazón amarillo. Amarillo si excarvas a través de la burbuja negra que estoy creando.
Me siento tranquilo.
Me alegra estar aquí en cierta forma.
Quiero disfrutar unos momentos más conmigo mismo antes de ir de vuelta al caos.
¿Quién soy?
Entre todas estas caras desconocidas yo soy el único extraño.
El ruido, la fiesta, la gente. Me hace sentir como un perro en una tormenta eléctrica.
Me siento confundido. Perdido.
Estoy apartado de mí mismo. Apartado de ti.
Un alien. Un extranjero. Un ser de otro lado. Un fenómeno.
Volver con ellos. Pensaré en esa opción.
Por ahora estoy a gusto.
Un día de estos todo acabará.
Extrañaré la horrible música electrónica. Extrañaré ser un extraño. Extrañaré la confusión y la intranquilidad que ahora me atormenta.
Estaré en la oscuridad extrañando todo aquello que ahora me asusta.
Extrañando lo que no pasó y lo que no existió.
Todas esas posibilidades que pertenecen a mis fantasías. O incluso a otras realidades.
Ahora mismo estoy aquí y ahora. Pensando en el futuro de mi pasado y en el pasado de mi futuro.
¿Qué me queda?
¿Qué me mueve...?

domingo, 4 de mayo de 2014

Lluvia de estrellas negras.

Aquel día no le quedó otro remedio más que seguir caminando. Atrás sólo había un desierto. Dunas enormes que reflejaban el calor del sol. La muerte también se encontraba ahí atrás... Literalmente.
Pero a pesar de haber estado frente a ella tantas veces, no era una opción acercarse esta vez.
Él había sido amigo de la muerte desde pequeño. Le gustaba mucho jugar ajedrez con ella. Y después de mucho tiempo, él había conseguido ganarse su simpatía.
Pocos son los amigos que tiene la muerte. No le gustaba ser vista. La mayor parte de los vivos le repugnan por su cobardía; y por lo mismo a los vivos les repugna ella también. Ella tiene muchos súbditos que le ayudan a llevarse a todos aquellos que ella no desea ver (que sería la mayor parte de la gente). Sólo hace el trabajo con aquellos pocos que desea hacerlo. No le gustan los suicidas ni tampoco la gente que no quiere ser llevada. Si hay algo que detesta es que le pidan; ya sean prórrogas o adelantos por eso son pocos los que la llegan a ver en persona. Es trabajo de sus lacayos llevarse a esos llorones.
Él se encontró con la muerte por primera vez cuando esta se llevó a sus padres. En aquel entonces era sólo un niño que había vivido nueve inviernos. Normalmente un niño de aquella edad habría tardado en comprender qué estaba pasando cuando la muerte tomó la mano de su mamá y de su papá. Pero él no era un niño con una educación ordinaria; así que no sólo supo lo que estaba ocurriendo, sino que comprendió por qué la muerte se los estaba llevando.
Desde que tenía memoria, sus padres le hablaban a su hijo de la muerte; y cómo cuando nos llega el momento no podemos hacer nada más que pedirle a esta que nos trate bien; ya que no nos dará segundas oportunidades.
Resulta extraño que una pareja le hable a su pequeño sobre la muerte; pero es natural cuando película favorita de ambos era El séptimo sello de Ingmar Bergman. De hecho esa película fue la culpable de su unión a partir de una función especial de tributo a aquel director, donde se encontraron y se sentaron juntos.
Así que para cuando la muerte llegó a llevárselos, él ya había visto esa película incontables veces. Y a pesar de sentirse confundido en primer momento, él no tardó en reconocer a la muerte. Bergman la había retratado de una manera bastante acertada. Sin embargo había cometido un grave error: la muerte tenía una fisonomía femenina.
"Una hermosa mujer" (si es que se puede llamar así a un ser asexual) de rostro completamente blanco e inexpresivo. Al niño le recordó a la silueta de la luna cuando se encuentra detrás de una nube. Vestida con una capa negra, y con movimientos extremadamente serenos.
Aquella noche él estaba en el asiento trasero del auto. Sus padres en el delantero. Un fuerte destello y aquel trailer acabó con la vida de sus padres en un instante, pero milagrosamente el niño no había recibido más que algunos rasguños.
Cuando vio a la muerte creyó que estaba soñando. La vio tomar de la mano a sus padres. Vio sus almas ser exhumadas de su cadáver como dos serpientes dejando a la vez sus viejas pieles. Sus padres voltearon a verlo e hicieron un ademán de despedida a su hijo. Él les devolvió la despedida moviendo lentamente la mano. Inmediatamente después de que estos dos se desvanecieron en el aire, el niño le pidió a la muerte que espere. La muerte lo volteó a ver con cara de irritación. No le gustaba que la interrumpieran en su trabajo. Ella tiene la costumbre de ignorar a quien le hablara. Pero no es normal que un niño le dirija la palabra y aquello despertó su curiosidad. Esperaba que le pidiera que no se los llevara; y si hiciese eso, la irritaría y se llevaría al niño también. Sin embargo lo que le dijo el niño la tomó por sorpresa: Él le pidió simplemente que cuide bien de sus padres. Y la invitó a jugar ajedrez con él cuando quisiera.
Sin decir nada, la muerte le dirigió una sonrisa antes de desaparecer.
El niño, huérfano, se fue a vivir con su tía. Resultaba impresionante que fuera la hermana de su padre. Era inflexible y no le gustaba ni el cine ni la filosofía. Hablar de la muerte era tabú con ella. Y no soportaba aquella actitud tan introvertida y racional de su sobrino. Sin embargo ella lo quería mucho, y por eso lo aceptó en su casa.
A los quince días de aquel incidente, la muerte llegó con un hermoso tablero de ajedrez. Le ofreció al niño las blancas como compensación de haberse llevado a sus padres, acomodaron el tablero y comenzaron a jugar. Ella no ocultó su asombro al ver que el niño demostró ser muy bueno para su edad. Sin embargo la muerte llevaba desde tiempos antiguos venciendo a reyes y a sabios que apostaban su alma en este juego. No entendía el sentido de aquellas apuestas, las veía como un pierde/pierde. La vida estaba llena de dolor; y mientras más vivieran más sufrirían. Tendrían tiempo para ver a sus amigos y familiares perecer, claro, se mantendrían vivos; vivos y sin nadie para amar. Y en caso de que perdieran, el tiempo extra que les habría dado para vivir, sería utilizado para ser sirvientes de la muerte.
Ella rara vez perdía las partidas, incluso con grandes jugadores había veces que ella ganaba. Así que, como es de esperarse, el niño no pudo hacer nada al lado de los talentos de la muerte.
Al ver en el tablero aquella posición de jaque mate, el niño, con una sonrisa la volteó a ver. "Buen juego" le dijo. Y le ofreció un apretón de manos. La muerte le advirtió que tocar su mano le provocaría un fuerte dolor. Pero el niño tenía un fuerte sentido del honor. Y ni siquiera el tacto de la muerte lo haría resignarse de cerrar esa partida como caballeros.
La muerte no mentía. El dolor que le infringió al niño era tan fuerte que este ni siquiera pudo gritar. Se tiró en el suelo en silencio y a los pocos segundos aquel dolor lo hizo perder la conciencia. Al despertar vio su palma. Había una marca negra de piel quemada en forma de mano.
Cabe mencionar que su tía le reprochó fuertemente aquella quemadura tan peculiar. Creyó que se hizo aquella marca él mismo para con dolor físico aminorar el dolor de la muerte de sus padres. Lo llevó con un psiquiatra que, después de algunos días de observación lo declaró sano al ver que no mostraba ningún tipo de signo de enfermedad mental; y después lo llevó con un psicólogo.
Era un hombre que, aunque inteligente, no poseía mucha imaginación. Nunca pudo entender que el niño estuviera tan tranquilo tras haber quedado huérfano. Estaba convencido que en esa quemadura descargó todo el dolor de aquella pérdida. Pasado un tiempo el niño se animó a contarle lo que pasó con la muerte. El psicólogo dedujo que aquello no fue más que un escape para que el niño se convenciera a sí mismo de que sus padres se encuentran bien en el más allá.
Resultó una hipótesis inteligente; sin embargo poco creativa. Decidió que el niño estaría bien. Y que aquella "mentira" le ayudaría a seguir adelante. Le pidió a su tía que lo deje más tiempo con él para ver si no desarrollaba algún otro tipo de alucinación. Con el tiempo el niño le contó varias veces cómo tenía partidas de ajedrez cada vez más constantes con la muerte. Le dijo que sólo el primer apretón de manos lo lastimó. Que la muerte sólo lastima al primer contacto. Y le contó cómo la muerte lentamente desarrolló una simpatía con él y cómo cada vez platicaba más. Después de un año de consultas, a pesar de que resultaba preocupante que siguiera teniendo aquellos "encuentros casuales" con la muerte; no mostró ningún otra señal de tener algo mal. El psicólogo dedujo que simplemente confundía los sueños con la realidad; y lo dejó ir, advirtiéndole que no cuente a nadie más esas historias con la muerte porque lo creerían loco. Y eso fue lo que hizo.
Durante años el niño perdió con la muerte. No fue hasta poco después de haber cumplido los quince que el, ahora, muchacho logró ganarle una partida: Un gambito en el que tentó a la muerte a comerse a su reina. Y ocho jugadas después aquel error la dejó en Jaque Mate.
Fue la segunda vez que la muerte le dirigió una sonrisa desde aquel lejano día en que se conocieron y él la invitó a jugar; y también fue la segunda vez que él sintió dolor por el apretón de manos. Esta vez su tacto fue frío. Un frío absoluto que le endureció la piel en un instante. Aquella zona de su mano se volvió dura como hielo. Él se extrañó, ya que al principio aquello solamente le dio un fuerte entumecimiento en todo el brazo. No fue aquel dolor infernal que se esperaba; pero conforme la sangre calentó aquella zona, sintió un hinchazón intenso como nunca había sentido. Para entonces los extremos de su mano se habían engangrenado por la falta de circulación. En menos de un día todas las uñas se le desprendieron, pero tuvo suerte de no perder ni un dedo.
Siguieron jugando durante otros ocho años; y cada vez los juegos resultaban más parejos. Sin embargo nunca empataron.
A los veintitrés años él quedó varado en el desierto. ¿Cómo llegó ahí un estudiante de filosofía que sólo salía de la ciudad cuando iba a subir una montaña? La cosa es esta. Por más tranquilo que uno sea, uno se puede encontrar en el lugar equivocado al momento equivocado, vestido de camiseta de cuadros azules, pantalones deportivos y una mochila negra en la espalda. Vestido de la misma forma que el hombre que "debía" ser secuestrado.
Cuando se dieron cuenta que él no era el sujeto a quien buscaban le ofrecieron una "oportunidad" para vivir. Lo dejaron en medio del desierto: A setenta kilómetros del poblado más cercano, sin comida ni agua.
La muerte, como buena amiga que era le hizo compañía todo el camino. No decía una sola palabra. Sólo caminaba detrás de él. Sin decir nada él comprendió que para la muerte esto era una especie de partida de ajedrez, donde si llegaba al punto en que no podía más y se rendía, él perdería; y si lograba sobrevivir en contra de las posibilidades, la muerte perdería.
La primera media hora no fue tan difícil. La arena estaba dura y el sol de la mañana aún estaba bajo. Pero mientras se alejaba del punto de partida, la arena se volvía más abundante, comenzaba a haber dunas. El calor se volvió abrasador y él tenía la boca seca; se estaba deshidratando.
A esas alturas cada paso requería un esfuerzo sobrehumano. Le dolía respirar y le habían salido ampollas en los pies.
Sin embargo, más allá de que su vida dependía de su poder de voluntad, estaba jugando contra la muerte. Y por ello no lo detendrían ni la sed, ni las quemaduras del sol, ni la arena blanda que lo hacía tropezar cada pocos pasos. Mientras su cuerpo se lo permita, él no se rendiría.
Doce horas constantes caminando. No entendía cómo había soportado tanto, pero calculaba que ya no estaba lejos del poblado y el sol se estaba poniendo al oeste. La noche se acercaba y tan pronto se fuera el sol, continuar se volvería menos difícil.
Entonces sintió un viento que venía desde el oeste. Una brisa fuerte que parecía que el sol estaba arrastrando. Volteó hacia aquel lado y lo que se encontró no fue con la bella puesta de sol que esperaba ver, sino una enorme tormenta de arena que venía en camino a toda velocidad. En aquel momento comprendió que todo estaba perdido. Su voluntad lo habría mantenido de pie otros cuarenta kilómetros, pero una tormenta de arena puede terminar con la vida del hombre más fuerte. Volteó a ver a la muerte con una sonrisa, y roncamente alcanzó a murmurar las palabras: "parece que esta vez me volviste a ganar".
Acto seguido se sentó en el suelo de frente a la tormenta, dio una respiración profunda, y sonrió con la mirada aceptando su destino.
La muerte se sentó a su lado y le dijo: "La tormenta de arena es trampa. El juego consistía en tu propia resistencia mental contra tu cuerpo. No perdiste. Esto son tablas."
Le quería contestar que sin embargo ella lo llevaría. Pero tenía la boca seca y no pudo pronunciar más palabras.
"De cualquier forma te tendría que llevar algún día. Eso no significa que habrías perdido. Simplemente seguirías el curso natural de este mundo. La tormenta de arena es un fenómeno natural y tú estás aquí sin poder hacer nada. Es tan natural morir aquí, como en una cama sesenta años después; ya que no puedes escapar de aquel destino. No tienes salvación. Sólo te queda esperar.
Lo tomó de la mano a manera de empate. Al ser un apretón distinto él esperó el dolor, sin embargo esta vez sintió una calidez en su mano fría. Se sintió tranquilo y listo para morir.
La puesta del sol, tiñó la tormenta de rojo. Y mientras esta se acercaba, el cielo amarillo se fue llenando de cada vez más estrellas rojas que no tardaron en volverse negras. Hasta que no quedó nada más que oscuridad.

viernes, 21 de marzo de 2014

Lobo

Había una vez una joven activa y cansada de su vida rutinaria. Un día escapó de aquella vida que la hacía sentir sofocada. Ella huyó al bosque: Lugar donde podría aprender a valerse por su cuenta.
A los pocos días encontró un lobo cachorro herido por una bala; ella lo rescató y lo cuidó. Cuando se puso mejor, el lobo decidió quedarse con ella. La acompañó hacia donde fuera. Ella había encontrado un compañero y él había encontrado una familia. Pasaron los meses y el lobo creció saludable y fuerte. Y la piel de ella se curtió por vivir en el exterior.
Pasaron los años, y ella aprendió a comunicarse con el lobo con un lenguaje corporal. Pero un día ella se dio cuenta que la belleza y tranquilidad del del bosque ya no le eran suficientes ni siquiera la compañía del lobo la llenaba. Extrañaba convivir con los de su especie. Esa incongruencia superficial de la que escapó formaba parte de su naturaleza. Ahora se daba cuenta de eso.
Entonces tomó su decisión. Pero antes tenía que hacer algo: El lobo es un animal salvaje. Ella no podía llevarlo a la sociedad. Pero tampoco podía dejarlo solo; ya que al ser un animal de manada, difícilmente podría sobrevivir durante mucho tiempo por su cuenta.
Así fue como la joven y el lobo vagaron durante semanas buscando una familia que acoja a su compañero.
Un día nublado en las montañas, por fin encontraron los rastros de una manada. Los siguieron hasta llegar a ellos. Y al encontrarlos ella intentó acoplar el lobo con aquel grupo de extraños. El lenguaje corporal que había desarrollado lo entendieron los lobos perfectamente. Sin embargo estos no lo recibieron. Al contrario. El líder la atacó. Sintió que se estaba burlando de ellos al intentar acoplar a un lobo que se encariñó con una humana a la manada.
El lobo interceptó el ataque. Luchó contra el líder en su intento de proteger a su hermana. Pero él, al haber sido criado por una humana, nunca practicó combate. Sabía cazar. Y lo hacía muy bien. Mejor que la mayoría de los lobos salvajes, porque en su caso no tenía quién lo ayude. Sin embargo no tenía manera de saber cómo defenderse de otros depredadores. El líder tenía ganado el combate desde antes de que comenzara.
Ella no podía hacer nada para ayudar a su hermano. Los otros lobos los atacarían si ella intervenía, así que con la cara llena de lágrimas soltó un grito de súplica todo pulmón, el cual los lobos ignoraron.
La chica se quedó perpleja mirando con impotencia a su hermano siendo sometido. En aquel momento lo mismo le daba morir. El líder no tardó en alcanzar el cuello de su hermano. Le arrancó la piel con aquella mordida. Lo último que vio fue aquella terrible imagen. Su conciencia no lo soportó. Todo se volvió negro.
Cuando despertó, los lobos ya no estaban. Solamente encontró el cadáver de su hermano bañado en sangre. Ella se acercó a él temblando. Vio el rostro del lobo tieso, mostrando los colmillos de un guerrero que luchó hasta la muerte. "Sé fuerte" se dijo a sí misma. "Aún no es momento para llorar".
Excavó un agujero con sus manos. La tierra estaba dura y sus manos tensas. Le tomó todo el día. Pero cuando terminó, a pesar de su cansancio cargó el cuerpo del lobo, lo echó al hoyo y lo enterró. Era todo lo que podía hacer.
Cuando hubo terminado notó que su cuerpo, cubierto de la sangre de su hermano, estaba exhausto. Caminó en dirección al río del que tanta veces se había abastecido durante los últimos meses. La luz de la luna llena era lo único que iluminaba su camino. Tenía la garganta seca. Estaba cansada y cada paso requería de un esfuerzo sobrehumano. El río aún estaba a varios kilómetros de distancia. Quería llorar por su hermano, pero necesitaba esas energías para poder llegar con vida a éste.
Al llegar al río, ella hundió rápidamente la cabeza y tomó mucha agua. Se metió al río para limpiarse la sangre de su hermano y se acostó. Ya no podía más. Durmió con su cuerpo yaciendo en el agua, acariciado por la suave corriente del arroyo.
Aquella noche soñó que estaba sentada a la luz de la fogata viendo la danza del fuego. Entonces el fuego se precipitó. Se movió rápidamente en ondulaciones hasta tomar la forma de un lobo que ella conocía: su hermano. Éste le habló. Le comentó que no era su culpa. Le agradeció por todo y le dijo que su alma la acompañaría a donde fuera.
Al despertar no recordó su sueño. Pero supo que ya no tenía nada que hacer ahí. Y con todo el dolor decidió por fin volver a la civilización.
Aquel día, mientras caminaba hacia la ciudad, ella recordó a su hermano peleando valientemente para protegerla. Con esta imagen en mente ella se tiró al suelo lloró todo lo que no había llorado el día anterior. No supo cuánto tiempo pasó hasta que se pudo volver a levantar.
Al regresar a su viejo hogar ya no sentía que pertenecía ni a la ciudad ni al bosque. Era una joven sin lugar, intentando adaptarse a una nueva vida.
Cabe decir que ese no fue solo un sueño, el espíritu del lobo realmente entró a su mente mientras dormía porque extrañaba a su hermana desde el otro mundo y la visitará todas las noches durante el resto de su vida. Pero esa chica no volverá a recordar un sueño en su vida. Pasará el resto de sus días pensando que ella mató al único ser que ha amado realmente: Su hermano.

Reflexión sobre los sueños

¿Qué pasa cuando no recuerdas tus sueños? ¿Adónde se van?
Hace unos días me hicieron esa pregunta. Fue una pregunta interesante hecho hacia mí por una persona interesante. Yo no soy ningún experto en sueños. Ni siquiera he leído a Freud, más allá de fragmentos con los que no conseguía estar completamente de acuerdo. Hasta hace dos años aún creí que no soñaba. Pero después comencé a fijarme que sí lo hacía. Y últimamente he soñado mucho los sueños más extraños. Por eso hablo de esto. No es un estudio. Sino una autorreflexión con base en lo que observo y en cuánto me conozco. Todo esto es una inducción que podría estar tan equivocada como precisa. Pero la precisión no es la intención. La única intención es reflexionar y escribir mis ideas.
¿Les contaré mis sueños?
No. No porque estos sean privados; sino que cuando cuento mis sueños tengo que mentir para poder unir las partes que recuerdo, ya que no los recuerdo por completo. Así que no. Mis sueños se quedan en mí hasta que recuerde alguno lo suficientemente claro como para ser contado. Puedo hablar de naves espaciales y meteoritos. De respirar bajo el agua. De asesinatos a mis seres queridos. De cosas extrañas que ocurren en el bosque o en la ciudad de mis sueños. De mí haciendo cosas impensables. Del rechazo ajeno. De aquel árbol o aquel camión. Puedo hablar de esas lagunas o de ese salto al vacío. También del mar que me traga o de esas olas gigantes. Mi primer beso ocurrió en un sueño ¿Escenas sexuales? No recuerdo de esas, pero he de haber tenido. Puedo hablar de monstruos de Disney adaptados a mi subconsciente. Puedo hablar de muchas cosas. Pero no puedo entrar en detalles.
Lo que haré será escribir acerca de lo que creo de los sueños con base en aquello que conozco de mis propios sueños.
Primero que nada, cuando uno se pone a analizar sus sueños se da cuenta que todo son metáforas. Metáforas hechas por la mente de uno, donde se reflejan los miedos, las angustias, las alegrías. Todo está ahí. Yo rara vez tengo sueños agradables. Suelen ser pesadillas.
Para responder la pregunta inicial, creo que no es muy difícil deducir que los sueños se van al subconsciente; nunca los olvidas completamente y sólo los recuerdas al volver a soñar. Mientras uno va creciendo, los escenarios de los sueños se repiten cada vez con más detalle. Uno crea su propio entorno. Su propio mundo. Lo vamos reconstruyendo cada noche. Eso es parte de lo que se queda. Las personas que ejercitan despertarse en calma y anotar sus sueños, suelen recordar mucho de lo que pasa. El director italiano: Federico Fellini tenía esa costumbre; y por eso sus películas tienen en sí escenas de ambientación onírica. Donde uno siente que está viendo un sueño, más allá de ver la realidad.
En la época moderna no es tan fácil hacer eso porque el humano vive bajo este sistema de "productividad" en el que uno se la vive con prisa, pensando en lo siguiente que va a hacer en vez de vivir el momento: Despertar. Arreglarse. Trabajo/Escuela. Correr. Olvidé mi sueño. El día continúa. El día termina. Volver a soñar. Volver a olvidar el sueño. Aunque hay veces que, a pesar de no ponerse a pensar en ello, el sueño fue tan impactante que uno no puede evitar recordar de vez en cuando fragmentos del sueño en cuestión.
Hay quien cree que uno no sueña más de siete segundos, o cinco minutos. Pero si uno hace el experimento de dormir con música, se puede dar cuenta que varias de las canciones entran en los sueños de uno. Y en tal caso, uno sueña durante un largo tiempo.
Claro que es un hecho que uno no puede estar soñando durante toda la noche. Si así fuera, el cerebro no descansaría. Pero definitivamente los sueños de uno no son cuestión de minutos. En tal caso ¿Cuánto es el tiempo durante el que soñamos normalmente? Es ambiguo, dependiendo de la persona y el sueño.
Cuando uno tiene un sueño vívido, uno despierta cansado. Como si no hubiese dormido más que unos minutos. El cerebro está activo. Recolectando información y tomando decisiones mientras duerme.
Aunque si nos ponemos a pensar en repercusiones de la vida diaria, no creo que pase mucho cuando uno no recuerda sus sueños. Quizás uno se pierda de una buena parte de la autorreflexión pero no afecta cómo uno vive o imagina. Incluso el autor Haruki Murakami, que al leer varias de sus novelas uno no puede evitar imaginarse dentro de un sueño ha declarado más de una vez que éste no sueña; pero cree que su literatura es la proyección de aquellos sueños que no recuerda.
Aún así creo que hay más de una razón por la que recordar los sueños es útil para uno. Más que nada porque los mensajes del subconsciente valen para la vida. Quizás al interpretarlos uno logre atar muchos cabos en su vida. O quizás uno logre inspirarse para crear historias. O simplemente como ejercicio cerebral podría fortalecer ciertas partes de la mente.
Como dije al principio. Yo no soy la persona correcta para hablar de la ciencia del sueño. Yo sólo me observo y deduzco. Dulce sueños, lector.

viernes, 28 de febrero de 2014

Nieve

Entonces él murió. Pero eso no era cierto. Porque él seguía respirando. O por lo menos eso era lo que él pensaba. Él era simplemente un ser atrapado en la oscuridad. Perdido en un instante en el tiempo.
Miró al pasado para saber cómo llegó allí.
Vio una luz al salir. No respiraba en ese entonces. Sintió frío. Sintió dolor. Dio su primer aliento. Fue un grito tan fuerte que le retumbaron los oídos "¿Qué es eso que siento en los oídos?" se preguntó. Notaba un ardor en la garganta al gritar. Notaba que la presión de su brazo había cambiado.
Entonces sintió cómo lo recargaban en algo cálido. Esa cosa cálida lo hacía sentir seguro ¿Quién era ese ser que le provocaba sentir tal calidez? Sentía su respiración. Sentía cómo su cuerpo se esforzaba para hacer todas aquellas cosas que nunca había hecho. Era un mundo nuevo.
De vuelta en la oscuridad se dio cuenta que miró muy atrás. Sentía frío y no estaba seguro de que aquel recuerdo fuese real. Él en su nacimiento no era lo que buscaba ver. Quería saber cómo había llegado aquí. El frío le congelaba los huesos. Pero no veía nada, ni podía moverse. Quizás su mente volvió a la escena de su nacimiento porque ahora está atrapado en una especie de vientre frío.
El niño nadaba en la alberca todos los días. Era el campeón de su escuela. Pero ya no estaba en una alberca. Ahora el agua era salada, tibia. No podía nadar como él querría. No le gustaba el sabor del agua y le ardían los ojos. El agua estaba en movimiento. Lo movía de un lado a otro. No veía nada. Arriba, abajo, arriba, abajo. Siguió nadando derecho. Pero tenía miedo. No llevaba tanta distancia, pero se sentía extremadamente cansado en esas aguas. Entonces escuchó la voz de su padre gritándole desde la distancia.
De nuevo en la oscuridad y en el frío, él empezó a sentir un fuerte dolor en la pierna. Eso lo distrajo de su memoria. De la primera vez que su padre lo hizo cruzar el mar nadando, en su intento de que mejore sus habilidades de nado. Recuerda que no podía más. Recuerda su miedo. Recuerda cómo no volvió a atreverse a nadar. Cómo su padre lo castigó por su frustración. Cómo sintió la muerte por primera vez en su vida.
Los colores cambiaron a rojos y azules. Sentía unos labios sobre los suyos. Se sentía feliz. Se sentía pleno. Ella dejó de besarlo. Ella lo voleó a ver con ojos de trance. Su sonrisa era hermosa. Toda ella era hermosa. Ellos y el sol que se ponía bajo el acantilado y pronto se ocultaría tras el océano. Ella dejó de besarlo. Le dio un largo abrazo. Un abrazo que fue eterno e instantaneo a la vez. Su cuerpo dejó en su lugar una brisa. Abrió los ojos en desconcierto. Ella corrió hacia el acantilado. Se detuvo en el borde. Su falda ondulaba por el viento tan fuerte. Ella volteó. Ella, con lágrimas en su rostro, le dirigió una sonrisa. Ella movió sus labios. Pareció decirle algo. Una palabra que el viento se llevó. Una palabra que no llegó a sus oídos. Ella saltó hacia atrás. Ella desapareció en el acantilado.
En la oscuridad él sintió su cuerpo por fin. Había lugares que le dolían. La pierna y el hombro, especialmente. El recuerdo de cuando ella se tiró al acantilado. El día en que su capacidad de amar plenamente desapareció. Después de eso se creyó maldito. No se volvió a acercar al mar. La policía creyó que él la lanzó a ella. No fue hasta semanas después, que encontraron la nota suicida dentro una recopilación de cuentos selectos de Franz Kafka.
Sentía el aire helado ir fuertemente contra él. Sentía adrenalina. Estaba bajando una montaña con el snowboard a sus pies. La velocidad era tremenda. Había acantilados y nieve suelta, pero a él no le importaba. Al dar un giro amplio le pareció escuchar un trueno a la distancia. Volteó hacia atrás y vio la nieve de la montaña caer desprenderse. Una enorme avalancha que se dirigía rápidamente hacia él. Él se deslizaba. La nieve era más rápida. Sintió un fuerte golpe. Rodó y quedó enterrado.
Así fue como él llegó ahí. Ahora lo recordaba. Era hora de intentar salir. Rascó la nieve, pero la sentía como hormigón. Golpeó distintos puntos de esa pequeña caverna buscando un punto blando. A través de la oscuridad y con guantes no era fácil distinguir la diferencia, pero tenía que concentrarse si quería sobrevivir. Entonces su puño izquierdo se hundió en la nieve. Comenzó a rascar ese punto hasta hacer un agujero que lentamente se volvía más grande.
Ya que el agujero tomó el tamaño suficiente para que él cupiera, se acomodó ahí y con sus dos manos comenzó a excavar como topo. Lo que él no sabía es que no se dirigía hacia la luz. Al contrario, estaba moviéndose hacia las tinieblas de las profundidades. En poco tiempo, se encontraría de nuevo con ella.

Había una historia

"Había una vez" es la manera más típica de comenzar un cuento. Nos educaron para comenzarlos así. Y ya inconscientemente es lo que primero se nos viene a la cabeza cuando escribimos un cuento. Pero yo no quiero comenzar éste cuento así ¿O quizás sí?
Había tres veces, en tres dimensiones distintas un muchacho que por casualidad de las probabilidades del espacio, el tiempo y la genética había llegado de la misma forma a distintas versiones del mismo universo.
Lo que el muchacho no sabía era que en aquel triple universo, su rama genética cambiaría completamente, ya que la vida de las tres versiones del mismo muchacho había cambiado drásticamente en su infancia. En una de ellas era un huérfano. En otra de ellas un muchacho con dos padres. Y en la otra, vivía con su madre.
Esas tres versiones cambiaron su vida completamente. Pero no hablaremos de este muchacho nunca más, ya que éste muchacho es simplemente una metáfora para la historia que voy a contar.
¿De qué manera es una metáfora?
La verdad es que uno ve al pasado y mira su vida. Se da cuenta que está en donde está por cada detalle y se pregunta si esto sería lo mejor... Yo sé que esto que estoy diciendo es sólo un pensamiento que ha sido pensado por todos aquellos humanos que se hayan dado tres segundos de analizar su pasado. No intento plantear una teoría ni hacerme el interesante. Simplemente estoy haciendo campo a mis ideas para que fluyan y esta idea tan básica se interpuso en mi camino.
Pero volviendo a la historia
¿Qué historia voy a contar?

Ahogado en una cáscara de huevo

Estaba durmiendo en la parada de camión, cuando de pronto aparecieron los rateros y se llevaron toda mi ropa. Claro que yo no me di cuenta de aquello. Estaba profundamente soñando que los perros me comían vivo. Era un sueño tan bonito... Que la última imagen de mi vida sean las caras de esos animales tan geniales.
Supongo que soñé con esos jaloneos tan dolorosos por culpa de los ladrones que me quitaron la ropa mientras yo estaba inconsciente.
Cuando desperté estaba desnudo. Ahí en la parada de camión. Por suerte para mí no había nadie en la calle. Era un pueblo fantasma. Si no hay nadie ¿Por qué estoy desnudo? ¿Qué no debió haber alguien que tomase mi ropa?
Estaba aterrado. No sabía qué hacía ahí. No había nada ni nadie vagando por aquellas calles. Yo estaba solo. En medio de un pueblo de rojos y amarillos, sin nadie que me encontrara.
Entonces escuché un ruido allá a lo lejos. Sonaba como un huevo crujiendo mientras lo giras en una mesa. Me recordó a la película Stoker. Entonces llegó una motocicleta que tenía impresa a sus lados los carácteres de la palabra: Camión.
No sabía qué estaba pasando. Pero me subí a ella ya que no me quedaba más que seguir adelante en mi historia. Pude quedarme ahí e ignorarla. Evitar que el caos llegase a mí. Pero esa no era una opción. Tenía que saciar mi curiosidad.
¿Qué será aquel deseo por caos que tanto me llama?
No lo sabía. Era exactamente la duda que tenía cuando subí a la moto. Pero esta no dio a mi mente espacio para reflexiones, ya que arrancó a toda velocidad.
El sonido de un huevo crujiendo no cesaba. Era un motor de sonido extraño. Sin embargo la moto andaba perfectamente.
Me agarré fuertemente de esta para no caerme. Ya que iba a una velocidad a la que no sabía que una moto podía llegar. Incluso apreté las piernas para tener más fuerza de agarre. El vértigo era tanto, que no me fijé que mis dos piernas desnudas se estaban quemando a causa del metal caliente.
La motocicleta me llevó hasta un desierto sin fin. No era un desierto de dunas, como el que quisiera ir. Sino que era un desierto extremadamente seco. Con la tierra clara y agrietada. Fue entonces cuando me di cuenta de que lo que crujía no era el motor. Era el suelo.
La motocicleta siguió y siguió. Volteé abajo y noté que tubos estaban cubiertos de rojo. El rojo de mi sangre. Y al darme cuenta llegó el dolor. Era inmenso. Eché un grito a toda voz. Pero ningún sonido salió de mi boca. O quizás la moto iba tan rápido que no podía escuchar más que el aire y el crujir del suelo.
Quería bajarme. Iba demasiado rápido y las piernas me dolían demasiado. El dolor me hacía sentir muerto.
Fue entonces cuando la motocicleta cayó.
Yo rodé y rodé. Fueron cientos de metros ¿O habrán sido kilómetros? Cuando me detuve estaba tendido sobre la tierra ardiente en medio de la nada. La moto no se veía.
Me pregunté si estaba vivo. Mi consciencia me decía que sí. Pero mi cuerpo no respondía no me podía mover por más que lo intentara. Quizás esté atrapado en este cuerpo muerto.
Ya no sentía dolor. Ya no sentía nada.
Era como si estuviera realmente en una jaula.
Un cuervo llegó y arrancó con su pico pedazos de piel de mi cadáver. Le dije que se quite, pero no me escuchó, o tal vez me ignoró ¿No será quizá que no articulé ni un solo vocablo?
Sentía mi piel siendo desprendida de mi cadáver, uno por uno los pedazos que éste arrancaba con facilidad. Entonces aquella ave se encontró con un pedazo muy aferrado a mi cuerpo, ésta la intentó quitar a jaloneos con todas sus fuerzas, pero por más que se esforzaba la piel parecía intacta. Lo tomó aún con más fuerza y batió sus alas rápidamente hasta que sus garras se despegaron de mi espalda. Ese cuervo estaba determinado a despellejarme totalmente. Incluso ahora que se encontraba en el aire, su boca seguía aferrada a mi piel. Segundos después, ésta se desprendió lentamente de mi cuerpo en una sola pieza desde donde jalaba el cuervo, como una cobija siendo removida de la cama con unas pinzas.
Cuando terminó yo era libre de nuevo. Me podía mover y estaba como si nada me hubiera pasado.
Entonces vi el mundo que tenía a mi alrededor.
Aquel mar de amarillo que era el desierto. Volteé arriba y noté que eran dos soles en vez de uno. Uno era más grande y blanco. Creo que eso noté antes de que éste segundo dañara mi vista.
Desvié mi mirada hacia el horizonte y vi azul en el fondo. "Debe ser el mar", me dije. Y me dirigí en línea recta hacia allá. Era una larga caminata los ardientes soles del desierto.  Pero no tenía a dónde más ir. Cuando por fin llegué me di cuenta que era en realidad un bosque azul.
Entré a este para refugiarme de aquellos terribles soles que parecían burlarse de mí.
Me encontré un árbol lleno de bayas y me comí una. Esta sabía a cajeta. Después de comérmela me di cuenta de la sed que tenía..
Después de un descanso decidí recorrer esa tierra de plantas azules. Conforme me introducía más a lo profundo del bosque azul, éste se iba haciendo cada vez más y más oscuro. Las plantas se volvían más tupidas hasta que llegué al punto que todo se volvió negro. No sabía dónde me encontraba. Me perdí en la inmensidad de la oscuridad.
Me senté y me di cuenta que estaba llorando como quinceañera, pero no me sentía desesperado en absoluto. Ni siquiera sentía el agobio o la falta de oxígeno que hace que uno llore. Entonces se me ocurrió: Quizás no estaba inmerso en la oscuridad. Sino que mis ojos en verdad se dañaron por tanto ver el sol, en un efecto tardío "¡Claro! ¡Eso debe ser!". Abrí los ojos y encontré un destello de luz que pasó fugazmente. Quizás sea una ilusión provocada por el daño a la vista. Pero era una oportunidad que no podía perder. Así que me eché un clavado en ella antes de que se fuera. Los colores recobraron vida. Descubrí que me encontraba, literalmente, en el cielo. Sólo me quedaba caer.
Fue una larga caída hasta el fondo. No supe si duró minutos u horas. Quizás días. Ya para entonces había entendido que el tiempo y la distancia eran relativos en el lugar donde me encontraba.
Noté que abajo sólo había rojo. No sabía adónde iba pero estaba preparado para encarar a la muerte "Sólo espero que sea buena onda".
A punto de llegar noté que el suelo no sería sólido. Estaba cayendo sobre un mar de sangre. Entonces un pensamiento pasó por mi cabeza: "Es mi sangre sobre lo que voy a caer".
Al hacer contacto no hubo tensión superficial. Sólo el espesor del líquido caliente en el cual me encontraba sumergido. Al darme cuenta que sobreviví a la caída, me di cuenta que no podía respirar. Nadé hasta la superficie hasta que mis energías cesaron. Cerré los ojos y me relajé aceptando mi destino. En mis oídos aún resonaba el sonido de la cáscara de huevo siendo quebrada constantemente.
Y esta fue la historia de cómo me ahogué en mi propio ser.