viernes, 21 de marzo de 2014

Lobo

Había una vez una joven activa y cansada de su vida rutinaria. Un día escapó de aquella vida que la hacía sentir sofocada. Ella huyó al bosque: Lugar donde podría aprender a valerse por su cuenta.
A los pocos días encontró un lobo cachorro herido por una bala; ella lo rescató y lo cuidó. Cuando se puso mejor, el lobo decidió quedarse con ella. La acompañó hacia donde fuera. Ella había encontrado un compañero y él había encontrado una familia. Pasaron los meses y el lobo creció saludable y fuerte. Y la piel de ella se curtió por vivir en el exterior.
Pasaron los años, y ella aprendió a comunicarse con el lobo con un lenguaje corporal. Pero un día ella se dio cuenta que la belleza y tranquilidad del del bosque ya no le eran suficientes ni siquiera la compañía del lobo la llenaba. Extrañaba convivir con los de su especie. Esa incongruencia superficial de la que escapó formaba parte de su naturaleza. Ahora se daba cuenta de eso.
Entonces tomó su decisión. Pero antes tenía que hacer algo: El lobo es un animal salvaje. Ella no podía llevarlo a la sociedad. Pero tampoco podía dejarlo solo; ya que al ser un animal de manada, difícilmente podría sobrevivir durante mucho tiempo por su cuenta.
Así fue como la joven y el lobo vagaron durante semanas buscando una familia que acoja a su compañero.
Un día nublado en las montañas, por fin encontraron los rastros de una manada. Los siguieron hasta llegar a ellos. Y al encontrarlos ella intentó acoplar el lobo con aquel grupo de extraños. El lenguaje corporal que había desarrollado lo entendieron los lobos perfectamente. Sin embargo estos no lo recibieron. Al contrario. El líder la atacó. Sintió que se estaba burlando de ellos al intentar acoplar a un lobo que se encariñó con una humana a la manada.
El lobo interceptó el ataque. Luchó contra el líder en su intento de proteger a su hermana. Pero él, al haber sido criado por una humana, nunca practicó combate. Sabía cazar. Y lo hacía muy bien. Mejor que la mayoría de los lobos salvajes, porque en su caso no tenía quién lo ayude. Sin embargo no tenía manera de saber cómo defenderse de otros depredadores. El líder tenía ganado el combate desde antes de que comenzara.
Ella no podía hacer nada para ayudar a su hermano. Los otros lobos los atacarían si ella intervenía, así que con la cara llena de lágrimas soltó un grito de súplica todo pulmón, el cual los lobos ignoraron.
La chica se quedó perpleja mirando con impotencia a su hermano siendo sometido. En aquel momento lo mismo le daba morir. El líder no tardó en alcanzar el cuello de su hermano. Le arrancó la piel con aquella mordida. Lo último que vio fue aquella terrible imagen. Su conciencia no lo soportó. Todo se volvió negro.
Cuando despertó, los lobos ya no estaban. Solamente encontró el cadáver de su hermano bañado en sangre. Ella se acercó a él temblando. Vio el rostro del lobo tieso, mostrando los colmillos de un guerrero que luchó hasta la muerte. "Sé fuerte" se dijo a sí misma. "Aún no es momento para llorar".
Excavó un agujero con sus manos. La tierra estaba dura y sus manos tensas. Le tomó todo el día. Pero cuando terminó, a pesar de su cansancio cargó el cuerpo del lobo, lo echó al hoyo y lo enterró. Era todo lo que podía hacer.
Cuando hubo terminado notó que su cuerpo, cubierto de la sangre de su hermano, estaba exhausto. Caminó en dirección al río del que tanta veces se había abastecido durante los últimos meses. La luz de la luna llena era lo único que iluminaba su camino. Tenía la garganta seca. Estaba cansada y cada paso requería de un esfuerzo sobrehumano. El río aún estaba a varios kilómetros de distancia. Quería llorar por su hermano, pero necesitaba esas energías para poder llegar con vida a éste.
Al llegar al río, ella hundió rápidamente la cabeza y tomó mucha agua. Se metió al río para limpiarse la sangre de su hermano y se acostó. Ya no podía más. Durmió con su cuerpo yaciendo en el agua, acariciado por la suave corriente del arroyo.
Aquella noche soñó que estaba sentada a la luz de la fogata viendo la danza del fuego. Entonces el fuego se precipitó. Se movió rápidamente en ondulaciones hasta tomar la forma de un lobo que ella conocía: su hermano. Éste le habló. Le comentó que no era su culpa. Le agradeció por todo y le dijo que su alma la acompañaría a donde fuera.
Al despertar no recordó su sueño. Pero supo que ya no tenía nada que hacer ahí. Y con todo el dolor decidió por fin volver a la civilización.
Aquel día, mientras caminaba hacia la ciudad, ella recordó a su hermano peleando valientemente para protegerla. Con esta imagen en mente ella se tiró al suelo lloró todo lo que no había llorado el día anterior. No supo cuánto tiempo pasó hasta que se pudo volver a levantar.
Al regresar a su viejo hogar ya no sentía que pertenecía ni a la ciudad ni al bosque. Era una joven sin lugar, intentando adaptarse a una nueva vida.
Cabe decir que ese no fue solo un sueño, el espíritu del lobo realmente entró a su mente mientras dormía porque extrañaba a su hermana desde el otro mundo y la visitará todas las noches durante el resto de su vida. Pero esa chica no volverá a recordar un sueño en su vida. Pasará el resto de sus días pensando que ella mató al único ser que ha amado realmente: Su hermano.

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