martes, 26 de agosto de 2014

Reflexión del año nuevo

El día de ayer, estaba en Buenos Aires y los papeles caían del cielo. Llovían sin sentido alguno. De todos los edificios estos se desplazaban lentamente hacia el suelo por la fuerza de la gravedad, y caían en ondulaciones aleatorias por culpa del viento. No me di cuenta de lo especial que era la situación. Me sentía muy cansado de caminar todo el día bajo el ardiente sol de 38 grados como para poner atención en lo surreal del asunto.
Las calles estaban tapizadas de papeles ¡Y no se me ocurrió tomar ni una foto!
Mi madre creía que era cierta manera de festejar el fin de año viejo, pero en ese caso ¿Por qué lo hicieron el día 30 en vez del 31?
Eso me hizo pensar mucho en el año nuevo. Es una fecha interesante. Como un cumpleaños mundial, pero sin regalos porque ya los dieron todos en navidad.
(Nótese que estoy refiriéndome al año nuevo del calendario occidental, otras celebraciones son aún desconocidas para mí en la práctica).
Otro detalle interesante es el hecho de que sea vista como una fecha festiva; y como toda fecha festiva, el mundo se llena de hipócritas que hablan de cambiar algo que no cambiarán al final. Dicen que los gimnasios se llenan de gordos las primeras semanas, y para febrero no queda nadie de los nuevos.
Eso me lleva a pensar otra cosa más interesante del año nuevo; y ésta tiene que ver con la vida y la muerte: El "fin de año" es la línea del circuito donde empieza y termina. Es un ciclo. Y recuerda a la muerte y el nacimiento. Claro que podría ser cualquier otra fecha; ya que un círculo no tiene punto de partida ni punto de final. Marcamos un punto y ese lo usamos de referencia. Y aún así, siento que esta es la fecha equivocada para el año nuevo.
Nada cambia realmente de un día a otro en ésta fecha. No hay un evento astronómico interesante, como un solsticio o un climax lunar, o lo contrario. Y si la rotación de la tierra sobre el sol es como se mide el año ¿No debería ser el fin de año una fecha solar?
Incluso 8 días antes es el climax solar; esa fecha sería excelente para el año nuevo. Pero no lo es.
El fin de año es un día aleatorio donde nada pasa. Sólo tiramos un calendario y compramos uno nuevo.
Triste ¿No es así?
Que tanto que alardeamos que es el año nuevo y realmente no hay nada.
Claro que esto le da mucho más fuerza al hecho de que un círculo no tenga inicio ni fin; pero la verdad es que no estamos en un círculo; sino en un óvalo.
Aún así, en manera poética, se debería festejar el año nuevo al final del invierno; inicio de la primavera. Pero no. El final del año se festeja un día que no pasa nada y esa es la realidad.
Aunque una realidad que tiene más sentido es la raiz de aquella fecha; y es que el dios romano de dos caras: Jano era invocado el primer día de enero. Las dos caras se refieren al fin y al nuevo comienzo -es el dios de las transiciones, los umbrales y las puertas-. Y por eso se festeja al primer instante de enero. Sin embargo el porqué de que los romanos hayan escogido esta fecha para invocarlo sigue sin tener mucho sentido. 
(Quizás esté equivocado con este dato superficial y todo tenga sentido a la menor investigación. Sin embargo para escribir esta reflexión me apegaré a lo que en este momento conozco e investigaré más tarde.)
Por otro lado el fin de año, como ya dije, recuerda a la idea de la muerte: es un fin. Y según la teoría todos vamos a llegar a un fin.
Y por tanto, al recordar ese fin, miran al pasado del año y se dan cuenta de que no han hecho nada, y por tanto se plantean objetivos. Es deprimente.
Pero por otro lado eso mismo es lo que me gusta del año nuevo: la idea de volver a empezar. ¿Cuántas veces has querido volver al pasado y arreglar un error?
Como sea. Hasta donde sé es imposible y hay que seguir adelante.
Y a eso me refiero con lo que me gusta del año nuevo. Te recuerda que la vida continúa, que no estás en un callejón sin salida y que aún puedes recuperarte del hoyo en el que estés metido.
Festejamos tanto el final como el comienzo. Y todo ocurre en el mismo instante ¿Cuál será el umbral entre el año nuevo y el año viejo? ¿Existirá en realidad ese instante límbico?
Pero también me pregunto: Si lo que le da significado al año nuevo es la muerte y el renacimiento ¿Entonces estaremos festejando el fin de año o el inicio de año?
¿Serán ambos?
¿Por qué entonces no decimos feliz fin de año nunca? ¿Será que a nadie le agrada la idea de un fin?
Todas esas cosas me inquietan. Pero al final, yo sí considero esa fecha en especial como algo que vale la pena celebrar. Aunque sea de la manera equivocada... Quizás ni siquiera celebrar. Pero sirve para reflexionar. Reflexionar que seguimos vivos. Reflexionar que algún día todo terminará y que toca volver a comenzar. Seguir adelante. Avanzar hacia la muerte y mejorar el camino.
Incluso aquellos que no lo cumplen; el que una vez al año hagan esa reflexión representa una chispa del deseo de cambiar. Representa una esperanza de que aún hay tiempo que podemos utilizar para superarnos en el camino hacia la muerte.
¡Feliz fin de año, querido lector! Preparémonos para un nuevo comienzo y aprovechémoslo mientras la dama muerte esté del humor para permitírnoslo.

domingo, 17 de agosto de 2014

Oscuridad

Escribo para ti, persona inexistente.
Mis manos se mueven a través éste papiro que nunca verás.
Este regalo que es sólo tuyo, no lo recibirás.
Perdiste tus sentidos. No eres más que oscuridad flotando en la plena nada de tu interior.
Hermosa criatura divina. Tu ser dotado de belleza tenebrosa.
Oscuridad es lo que eres tú.
La luz que te rodea es sólo un eclipse.
Floreces en la penumbra.
El cielo estrellado de una noche de luna nueva.
Lúgubre.
Negra.
Un océano de tinta.
Te utilizo para escribir.
Mi luz oscura.
Sombra dentro de una iridisencia y no viceversa.
Intento comprender tus tinieblas.
He estado ahí. Donde puedo ver tan poco.
Me pierdo en ti.
Pero tú no lo sabes.
No conocerás aquello que yo escribí para ti.
¿Cuál es el punto? Dímelo, por favor.
¿Cuál es el punto de crear algo que nunca verás?
Oscuridad: ¡Háblame!
Dime quién soy yo.
No sé quién seas tú.
No te conozco.
Mis letras son para ti.
Y para cuando lleguen a ti, ya habrás dejado de existir.