Vámonos a ese lugar en el que las palabras fueron olvidadas, dejemos este paraíso para ir a aquel otro, en el que lo perdido ha encontrado su santuario.
Allá donde las casas están pintadas de una nostálgica alegría, y los faros se cuelgan de estas para darles luz en las noches más oscuras.
Vamos a donde se cocina con tinta indeleble para que los sabores se impregnen en el paladar del degustante.
Aquel sitio en el que los rastros de una civilización perdida no fueron sacrificados por un falso ideal.
Vamos a aquella tierra donde las aguas nos conectan debajo de nuestros pies para que nos volvamos uno mismo con todo.
Donde ni siquiera una blanca nube perdida en un cielo azul tiene miedo de lucirse un momento al orquestar una lluvia de chispas frente al ardiente sol.
Vayamos a donde las pirámides miran al cielo mientras son acogidas por su madre jungla.
Donde las historias cobran vida y las contamos en un eco con distintas voces que se funden en una misma.
Naveguemos bajo tierra hasta descubrir el mundo más allá; encontremos lo perdido; vivamos lo que no es nuestro; dejemos que las aguas nos abracen; y escuchemos los colores en el palpitar de nuestro corazón.
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