domingo, 24 de noviembre de 2013

Pero seguía estando vivo...

En ese momento sólo deseaba la muerte. Tomó un cuchillo y lo clavó en su propio pecho. Sintió el frío del metal atravesar su corazón. El dolor era inmenso. Pero seguía vivo. Al darse cuenta, lo sacó de su pecho, la sangre brotó a chorros. Sentía cómo su cuerpo se secaba, y cómo la presión bajaba. Pero a pesar de esto no moría.
Volvió a tomar el cuchillo y se lo clavó en la garganta; seguía sin morir. Se apuñaló una y otra vez. Después de un tiempo, él ya estaba seco, su piel era como una bolsa rota; ya ni siquiera podía respirar, pero seguía estando vivo.
A pesar de no tener aliento, se dio cuenta que podía articular palabras. Entonces llamó a la muerte para que se lo lleve.
De repente una hermosa mujer de piel color azul oscuro, cabello blanco y ojos rojos, apareció frente a él con una sonrisa burlesca. Ella se le quedó viendo unos segundos en silencio mientras su sonrisa crecía; ésta se puso la mano en la boca para no mostrar la risa que contenía.
El hombre la miró con cara de odio: "Deja de burlarte, cabrona, y deja que me vaya de este mundo en paz". Tras escuchar estas palabras, la mujer ya no pudo contener su risa; carcajeó de una manera maniaca, con un sonido tan intimidante, que incluso los bichos de las alcantarillas y las grietas se alejaron del lugar.
Las risas cesaron y ella volvió a tomar control sobre sí misma. Entonces ella habló con un timbre de voz que ningún humano había escuchado en vida: "Te gusta mucho el dolor ¿Verdad?" Tras una pausa, ésta volvió a reír.
La risa paralizó al hombre. Él lo único que quería era estar muerto; nada importaba realmente. Sin embargo, en aquel momento sólo sentía miedo; un miedo terrible que no podía explicar, ya que el miedo es resultado del instinto de supervivencia, y para él ese instinto estaba perdido desde el momento que decidió morir.
Acto seguido, la mujer se agachó, y lo besó apasionadamente. Entonces, el terrible dolor que sentía se intensificó. La sangre volvió a su cuerpo y sus heridas cerraron. Sus órganos se reintegraron. Él estaba vivo. Pero el dolor seguía ahí; y era tanto que no supo en qué momento la mujer se fue.

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