La chica estaba sentada al borde de la azotea del edificio más alto. Mientras el fresco viento de las alturas movía su cabello, ella miraba al horizonte con una tranquilidad casi inhumana. Inclinó su cabeza para ver el pequeño mundo que yacía bajo sus pies. Lo que se encontraba debajo era un bosque sobre lo que alguna vez fue una metrópolis. Los árboles habían conseguido crecer sobre el concreto después de todos esos años sin haber sido pisados por un solo humano.
Una nube que pasó por donde estaba el sol interrumpió sus pensamientos. Ella volteó a verla y entonces se dibujó una pequeña sonrisa en su juvenil rostro.
Una niña estaba balanceándose en un columpio amarrado a la rama de un árbol que se encontraba a la orilla del bosque. Sus risas resonaban en aquel lugar. Su falda color rosa se resistía de manera rebelde contra el viento. Parecía que ésta tuviera voluntad propia. Entonces una de las cuerdas que sujetaban el columpio al árbol se rompió. La pequeña cayó boca abajo sobre aquella tierra húmeda. Levantó su rostro cubierto de tierra, y al comprender lo que le había pasado, su cara sucia se llenó de lágrimas. Se puso de pie y volteó a ver su su hermoso vestido rosa, que estaba ahora cubierto de lodo. Entre llantos corrió directo a la cabaña de sus padres. Pero ellos no estaban ahí.
La chica se quitó los tenis de mezclilla que tenía y los lanzó al vacío. Atraídos por la gravedad, su caída pareció eterna mientras estos giraban rápidamente en el aire. Lentamente se encogían en la distancia hasta no volverse más que un pequeño punto. El susurro del aire era lo único que ella oía; de modo que no supo el momento exacto en que sus zapatos tocaron el suelo.
La niña, descalza, sentada al borde el edificio rió y pataleó para que sus pies sientan el vacío. Su vestido rosa estaba limpio.
La chica se puso de pie, cerró los ojos, dio una respiración profunda.
La niña, aún en el borde, se volteó y abrió sus brazos.
La chica dibujó en su rostro una enorme sonrisa que mostraba la plenitud más pura.
La niña sonriente, aún con los brazos abiertos se dejó caer de espaldas.
La chica cayó sin quitar aquella sonrisa. La sonrisa más hermosa que ha existido en éste mundo.
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