La soledad aburría al conejo en la luna. Su inmortalidad lo tenía harto: Harto de no respirar aire, harto de no comer vegetales, harto de no haber visto a nadie en miles de años.
Arrojado por los dioses por haberse comido un vegetal sagrado, en aquellos tiempos no era más que un simple conejo; en aquel tiempo él no tenía conciencia de lo que había hecho. Simplemente daba por supuesto que así tenía que ser. Que su destino era vivir en la luna. En aquel momento no era consciente, y su mente no iba más allá de lo que ocurría el presente. A través de todos esos años su mente fue fortaleciéndose. Él fue tomando consciencia de su inmortalidad y de su existencia. Su cerebro se volvió analítico hasta un nivel cercano al de un ser humano.
Después de haber desarrollado su cerebro, él, durante esos años, en su soledad, desarrolló un enorme ego que dio como resultado que dibuje su propia figura en la luna. Primero fue una pequeña imitación que podía ver; y después de años la fue agrandando hasta abarcar una tercera parte de la superficie lunar. Esa figura se volvió su único gran compañero. Aunque a decir verdad sólo veía un montón de gris. Pero al hablar con él, sabía que ahí estaba un retrato gigante de él.
A veces el gran conejo le hablaba. Y tomaban conversaciones que duraban horas. Hasta que de repente la consciencia del conejo retomaba su forma y era entonces que se daba cuenta que le estaba hablando a una mancha.
Ese día el conejo estaba mirando fijamente la tierra con añoranza; y fue entonces cuando el gran conejo le habló: "Si te sientes tan solo ¿Por qué no te vas?" Y el conejo respondió: "Ya cállate, no eres real, estoy loco ¿Recuerdas?" A lo que el gran conejo respondió: "Jódete, pues". Entonces el conejo volvió a mirar la tierra y tomó su decisión:
Decidió hacer lo que durante milenios había considerado hacer: Volver a la tierra. Aunque eso equivaliera enfrentarse a la ira de los dioses que lo mandaron a la luna sin razón aparente.
Entonces el conejo decidió dar un enorme salto con todas sus fuerzas hacia la tierra. Cabe decir que la luna está a 384 mil kilómetros de la tierra, así que tardó 2 meses, ahí en su soledad, flotando en el espacio sin poder controlar adónde moverse, en llegar a la atmósfera de la tierra. El espacio era hermoso. Lentamente veía la tierra agrandarse. Y notaba los planos color verde, amarillo, blanco; pero más que nada, azul. Un enorme azul oceánico.
Y mientras tanto la luna, que había sido su hogar durante milenios, se iba achicando. Y el enorme conejo que había dibujado por fin tomó su forma. Se dio cuenta que no le había quedado tan bien como pensó. Él quería hacer la figura de una liebre astuta y atlética, que esté en posición, lista para correr. Pero ahora no estaba seguro si lo que había dibujado parecía un conejo en posición fetal o un conejo herrero martilleando. Al darse cuenta, le entró una enorme frustración. "Pero ya qué" se dijo a sí mimo el conejo "esa vida allá arriba, de todos modos, es una que he dejado atrás; a la que no pienso volver jamás".
Ya que llegó en la atmósfera de la tierra, el conejo comenzó a sentir un calor intenso, se empezó a quemar por la velocidad a la que iba; por suerte los dioses le concedieron la inmortalidad, así que no llegó al suelo hecho un conejo a la parrilla, con sus miembros esparcidos por el suelo, no. Pero el aire ardiente y la caída fueron un enorme dolor que nunca había sentido. Cuando retomó la consciencia se dio cuenta del pequeño cráter que había dejado debajo de él. Cayó en un campo verde rodeado de plantas. Pero lo curioso era que alrededor de éste campo verde había paredes rojas con textura de cuadros.
Aunque la emoción de por fin volver a probar comida era demasiada para ponerse a pensar en eso. Y se hizo un banquete con las plantas más verdes y suculentas.
Cuando se hubo llenado se acostó en el suelo y miró el cielo. Notó que el tono azul de éste estaba un poco más grisáceo de lo que recordaba. Entonces oyó un sonido fuerte, como el de un viento pegando rápidamente, pero no había corriente alguna. De hecho el viento apenas soplaba. Y fue entonces cuando una figura en el cielo apareció. Era una cruz diminuta con sus extremos plegados, y viajando en línea recta a través del cielo. Notó que ésta figura dejaba una nube larga detrás de ella.
"Los dioses de verdad han cambiado su manera de hacer las cosas en estos últimos milenios" se dijo a sí mismo. Y se quedó mirando cómo se expandía esa línea en el cielo hasta desaparecer.
Entonces cayó dormido. Soñó con la ira de los dioses cuando descubrieran que había escapado de la luna. Despertó a mitad de la noche. Miró al cielo y se dio cuenta de que la luna era un punto diminuto en el cielo. Después de esto se dio cuenta de que el cielo ya no era tan negro y lleno de estrellas como era antes. Ahora el cielo era color morado, y sólo las estrellas más brillantes se veían. Al ver esto se impresionó; pero a la vez le dio una pequeña decepción y una fuerte nostalgia. Las estrellas eran lo único que consolaba su soledad al estar en la luna.
Volvió a dormir. Al día siguiente desayunó otras cuantas plantas y entonces decidió moverse. No podía quedarse ahí toda su vida. Sólo esperaba no encontrarse a ningún dios en su camino. Tras dar unos pasos hacia donde no había paredes. Se dio cuenta que en una línea recta dejaba de repente de haber plantas. En cambio se encontró con una planicie alargada color negro.
Volteó a los lados y se dio cuenta que todo era gris al igual que la luna, pero aquí había una variedad de formas cuadradas. Y todo era animado. Se encontraba entre enormes estructuras de concreto y unos seres que se movían a alta velocidad por un camino entre las estructuras. Atontado, el conejo caminó hasta el centro de la planicie sobre la que pasaban esos seres. Fue golpeado por esos monstruos una y otra vez hasta que dejaron de pasar. Entonces se fijó en unas criaturas parecidas a los dioses, pero más pequeñas y sin esa imponencia. No sabía dónde estaba, pero estaba seguro de que no eran dioses.
Tras caminar un poco entre esos seres, se dio cuenta que pudo haberse ido muchos años antes a la tierra y que no habría pasado nada. Por alguna razón, los dioses habían abandonado su presencia de ésta tierra.
Ahora era momento de enfrentar ese mundo tan diferente y seguir viviendo como debió haber vivido desde hace mucho: salvaje y feliz en compañía de su especie.
Fue cuando se dio cuenta de esto. Justo cuando tuvo esa epifanía. Que llegaron a él dos seres de esos que andaban en dos patas de manera erguida, y lo capturaron. Lo apresaron. El conejo pensó que se equivocó. Que estos eran mensajeros de los dioses enviados para que reciba su castigo. Estaba seguro que este iba a ser mucho peor que la luna.
Lo metieron en una jaula y se lo llevaron.
A pesar de estar enjaulado se dio cuenta que lo trataban como rey: Lo alimentaban con una comida deliciosa y lo cuidaban. A pesar de que estaba atrapado, le gustaba ese trato. Además estaba rodeado de todo tipo de animales. Incluyendo los de su especie. Ahora se sentía seguro y en compañía.
Se dio cuenta después de un tiempo en esa jaula que los seres con los que estaba se llamaban "humanos". Y que tan pronto llegaron aquí fue cuando los dioses se fueron. Fue su condena final para este planeta del que estaban hartos.
Un día llegó una niña, lo tomó de su jaula y se lo llevó. Ahora estaba en un lugar más chico. Ya no estaba rodeado de animales. Aunque en cambio era aún más cuidado, más alimentado; y con todo, ahora era abrazado y acariciado todo el día.
A pesar de que ese trato le agradaba, se dio cuenta que no podría salir nunca. Y desde ese día en adelante no tuvo de otra que pasar su vida entre esos seres que lo privaron de su libertad. Mínimo lo acariciaban y mínimo socializaba, y mínimo podía comer, y mínimo podía respirar. Pero nunca más sería libre.
En las noches veía la luna con cierta añoranza. Y saludaba a su gran conejo que lo acompañó durante milenios. Ahora ese gran compañero era minúsculo. Y ya no le hablaba. Notó la belleza en ese círculo plateado y luminoso en el que había vivido durante tanto tiempo.
Fue en ese momento que aceptó su realidad. Ahí mismo, en esa jaula que estaba al lado de la ventana, se sintió completamente solo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario