jueves, 6 de agosto de 2015

Concierto desconcertante

Cuando me di cuenta, la música se había convertido en ruido. A mi alrededor la gente sudorosa brincaba de emoción, gritaba, cantaba con los músicos y se movían como bestias tribales. Incluso mi novia se había convertido en una bestia salvaje que gritaba al ritmo del rock que resonaba en el estadio.
Entre mis distracciones recibí un codazo en la cara. Regalo de parte del Golem colosal que bailaba a mi lado. Caí al suelo donde me pisaban desapercibidamente. Las energías para levantarme habían cesado. Que me pisen cuanto gusten. Al cabo que aquí es más fácil que allí arriba.
Entonces el mundo a mi alrededor creció. Las figuras se alargaron y yo me estaba haciendo cada vez más pequeño. De este tamaño era más fácil moverme entre el bosque de gente. Sin embargo entre lo viscoso del suelo cada paso que daba requería un gran esfuerzo.
Por fin sobrepasé la barda y llegué a la zona segura. Estaba llena de papeles y basura. El ruido hacía temblar el suelo y me sentí desesperado hasta que encontré entre la basura a un brasier de flores cuya tela lograba amortiguar muy bien el sonido. Era acolchonado y sobre éste caí en brazos de Morfeo.
Sobre aquella prenda femenina soñé con el golpe. Y con una ambulancia. Y con una cama de hospital. Y con mi novia llorando.
Me preocupé por ella ¿Cómo se pondrá cuando sepa que no estaré del tamaño para complacerla en cama? Ya luego me las arreglaría.

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